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martes, 9 de febrero de 2016

Bogotá no sabe enfrentar una emergencia por contaminación atmosférica

Omaira Piñeros Mendoza, Subcomandante Cuerpo Oficial de Bomberos Bogotá - Estación Restrepo
Nadie imaginó que las fotos de Pekín que tanto conmoción causaron en el mundo un mes atrás, pudieran repetirse en Bogotá. 

La salud de la gente y los animales estuvo amenazada por la alta contaminación de dióxido de carbono (CO2) como consecuencia del incendio forestal más grave en la historia del país. (Primera foto a la derecha tomada desde Archivo Distrital).

La conflagración que acabó con la vida de 40 hectáreas de bosques en los cerros orientales mostró nítidamente la cara oculta del “fenómeno del niño”:  el cambio climático.

Tan curtidos en las llamadas “cortinas de humo” de la política nacional, por primera vez la ciudadanía enfrentaba una de verdad verdad, por lo menos en Bogotá.

Como en Nueva Delhi

Si bien enero había sido el mes con más polución en los últimos tres años en la ciudad, una densa niebla olorosa a leña quemada y su imperceptible ceniza, crearon una importante emergencia de salud pública por la pésima calidad del aire

En la mañana del 3 de febrero el aire tenía los niveles más altos no saludables con un índice de calidad de 180

Algunos expertos comparan la situación con la que regularmente se vive en Nueva Delhi, la capital más contaminada del mundo. 

La temida contaminación atmosférica que empezó al mediodía del primer día de febrero, cubrió las localidades de Santa Fe, La Candelaria, Mártires, San Cristóbal, Antonio Nariño, Puente Aranda y se extendió hasta Fontibón y Bosa. (Ver dos fotos arriba: Barrios que no se ven desde Bogotá, al otro lado de la loma de L-San Cristobal)).

El Día Mundial de los Humedales el 2 de febrero, Bogotá estaba bajo “alerta amarilla”. (Leer: "Evacúan una decena de centros educativos en Bogotá por incendio forestal". Agencia EFE). 

Una alerta que para el Alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa era "simplemente una señal para decirle a los ciudadanos que tengan cuidado con el humo en caso de que esté muy concentrado". (Ver: "Declaran alerta amarilla en Bogotá por incendio en los cerros". CMI).

Y estudiantes, funcionarios públicos y empleados, "tuvieron cuidado": salieron del centro de la ciudad. 

La Presidencia suspendió actividades. Otras instituciones más, permitieron que la gente dejará más temprano sus lugares de trabajo.

¿Todos los tapabocas sirven para lo mismo? 

No es una pregunta retórica. La respuesta es no. Todas las mascarillas no son iguales ni sirven para lo mismo.

La alerta de la Secretaría del Medio Ambiente (SMA) indicaba usar "tapabocas" y cuidar a las personas con enfermedades respiratorias.

También, limpiar el polvo de ceniza de las superficies y limitar las actividades físicas al aire libre.

Pero la medida (no encontré el decreto), no incluyó una orientación específica para las cientos de personas de viven en La Peña, El Rocío, Buenos Aires, Girardot, El Dorado, El Triunfo, El Consuelo y San Donicio.

Barrios ubicados en las inmediaciones de los distintos focos de la conflagración forestal en la Localidad (4) de San Cristóbal.  

"Eso no señorita, por allá el humo nos ahogaba. Nos encerramos esperando a ver qué pasaba y decían en las noticias de qué hacer", me dijo una trabajadora doméstica que vive en El Rocío. 

No sería la única que se encerró sin saber qué era lo que había que hacer. (Foto "Personas con mascarilla caminando" de Cristian Garavito publicada en El Espectador).

Las miles de personas que se movilizan a diario en bicicleta tampoco recibieron ninguna indicación de seguridad y salubridad pública. Los usuarios de las contaminantes motos, mucho menos.

Si ese miércoles los niveles tóxicos eran tan altos, era probable que el siguiente, jueves 4, fuera aplazado el “Día del No Carro”. Era lo prudente por el exceso de CO2 en el aire, aunque la jornada fuera para mejorar la calidad del aire por un día. Pero no fue así. 

Foto Fuerza Aérea de Colombia tomada de @FuerzaAereaCol  
Lo que sí consiguió de manera inmediata la "alerta amarilla" fue colapsar el tránsito en el centro.

Salir de la zona era un caos. Probablemente entrar también. No aumentaron frecuencias ni buses del SITP. Ni los rojos de Transmilenio. Cerraron la Avda. José Asunción Silva, principal vía para salir del centro por la circunvalar y muy distante a la conflagración.


Barrio La Peña
La ciudadanía no recibió ninguna directriz ante la emergencia. La "evacuación", fue espontánea y desordenada. Los varios simulacros ante un eventual terremoto no servían para enfrentar una emergencia por contaminación ambiental.

Comando de Operativo "Polígono"
Nadie sabía qué hacer. 

La salud de los habitantes estuvo ante un peligro de gran magnitud debido al aire contaminado.

La estructura ecológica más compleja e importante con su tejido de 52 kilómetros de montañas que bordean la ciudad de sur a norte, estaba amenazada por el fuego. 

Bajo el esplendoroso cielo azul brillante que nos abrazaba con una temperatura entre 19º/24º ese primer día de febrero, Bogotá emprendía un operativo sin precedentes que se extendió durante toda la semana.
18 incendios forestales en enero 

Lo primero que puso de presente la conflagración en los predios de la Escuela Logística del Ejército, es que no era la primera del año en la Reserva Forestal de 14.116 hectáreas de bosques y pulmón de Bogotá. 

Solo en ese mes el Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá controló 18 incendios forestales

Para tener una idea de estos desastres forestales, la periodista Yolanda Gómez (@YolandaGomezT) lo explica así: “en 33 días se han quemado 100.000 metros cuadrados de bosque en los cerros lo que equivale a 14 veces la cancha del estadio El Campín”. 

Aunque la primera cuadrilla que llegó a las 9:35 am, cinco minutos después de la llamada de emergencia, este no era el único incidente que los Bomberos (@BomberosBogota) atendieron esa mañana.

“Nuestra reacción y atención inmediata permitió extinguir el primer foco del incendio en las inmediaciones del barrio Aguas Claras dentro de la Reserva Forestal  de la Localidad de San Cristóbal”, explica el Tte. Nelson Bermudez Oficial de Bomberos al mando del “Polígono”, uno de los cinco puntos de coordinación de las operaciones.


Además del viento y la alta temperatura, el incendio forestal encontró a su paso otros aliados naturales que propagaron la conflagración. 

El Retamo Espinoso, un arbusto invasivo de hasta cinco metros de alto, muy dañino para la biodiversidad junto a los eucaliptos y pinos secos. 

Todo, material orgánico altamente inflamable que sirvió de cerilla para propagar las llamaradas a puntos inaccesibles. 

Mientras unas cuadrillas de bomberos, brigadistas, policía y ejército talaban manualmente el material orgánico haciendo zanjas, otros bomberos más recorrían entre 20-25 kilómetros de subidas y bajadas por entre senderos y cañadas esparciendo agua con mangueras de hasta 4 pulgadas y más de 5 mil metros de longitud sin alcanzar las alturas del incendio.

Se requería de manera urgente el apoyo de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC). 

Según el Protocolo Distrital de Respuesta a Emergencias Bogotá se enfrentaba a un Incendio Forestal de Tercera Magnitud. El más grave.  


Foto tomada de  www.reporterosasociados.com.co no aparece nombre de fotógrafo

Cerca de 900 personas y 5 helicópteros 

La profesional labor en tierra liderada por el Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá con más de 200 hombres y mujeres en la línea de fuego y el apoyo de personal del ejército y de la Unidad de Operaciones Especiales en Emergencias y Desastres de la Policía Nacional (@GrupoPONALSAR), la Defensa Civil de Colombia DCC (@DefensaCivilCo) y brigadistas de la CAR Cundinamarca CAR (@CAR_Cundi), involucró la decisiva acción de la Fuerza Aérea y Aviación del Ejército (@Ejercito_Davaa). 
Foto Fuerza Aérea del Ejército tomada de @Ejercito_Davaa

El operativo establece seis puntos de mando: “Polvorines”, “Polígono 3”, “San Dionicio”, “Iglesia de la Peña”, “Santuario de Guadalupe”, y la base helicoportada en el Parque Metropolitano Simón Bolívar. El Sistema de Gestión de Riesgos y cambio Climático de Bogotá (@IDIGER), coordina el engranaje con el apoyo de Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (SNGRD). 

La FAC (@FuerzaAereaCol) mueve de Rionegro (Antioquía) y Yopal (Casanare) dos helicópteros  black hawk condicionados para altas temperaturas. 

La División de Aviación Asalto Aéreo del Ejército a su vez pone a disposición dos más: un MI-17, más grande y un black hawk.

Las cuatro aeronaves con bambi bucket y una capacidad de carga de hasta 600 galones de agua. 

Un quinto helicóptero, una aeronave civil, apoyó la labor logística fuera de la línea de fuego.

Las empresas privadas Helicol y Helistar, esta última especializada en vuelos chárter, instalaron el Puesto de Mando y Control en el Parque Metropolitano Simón Bolívar bajo la  coordinación del Centro Nacional de Recuperación de Personal (CNRP) de la FAC  y el Comando Aéreo de Transporte Militar.

Cada trayecto, entre el lago artificial del Parque y la zona de la emergencia tiene una duración de 19 minutos ida y vuelta.

En cinco días de la emergencia fueron necesarios 319 vuelos cargando agua. 

Las aeronaves descargaron 140.370 galones de agua mezcladas con líquido retardante para controlar el fuego, es es algo más de 560 mil litros. 

Solamente el último día del operativo aéreo, el 5 de febrero, la FAC hizo 34 descargas de agua con 16.728 galones.



La milagrosa competencia de los "bambi"  

Aunque no es inusual escuchar el sobrevuelo de helicópteros que vienen y van del helipuerto de la Casa de Nariño, los rotores de las furtivas naves hacia la conflagración en los cerros constituyeron una novedad en la pequeña localidad de La Candelaria.

Magnífico aguacero, pero no suficiente.
“Nunca antes la FAC había enfrentado una emergencia de esta naturaleza porque el fenómeno del niño trae vientos muy rápidos y temperaturas muy altas. Tampoco una operación tan grande con tantos helicópteros”, me comenta un oficial de la Oficina de Prensa de la FAC.

Las fuertes corrientes, la escasa visibilidad por el humo y las llamaradas de más de seis metros de altura, dificultaron la labor de los helicópteros.

Una situación que fue sorteada con éxito por una exigente coordinación entre el Cuerpo Oficial de Bomberos en tierra y las Tripulaciones a 200 metros de altura para que el agua se esparciera sobre los focos ardientes de manera efectiva.

Una ayuda más recibieron los "bambi" del aires y la fuerza humana y profesional en la línea de fuego. El milagro de un contundente aguacero. 

Después de meses de sequía en Bogotá a las 5:30 de la tarde del miércoles cayó un inesperado, pero deseado aguacero en el día y lugar requerido. El operativo aéreo se suspende hasta el día siguiente jueves a las 6 de la mañana.

Esto significó para la socióloga Natalia Berti y para mí una memorable y festiva mojada en el momento de salir de la zona de operaciones en el “Polígono”, instalado en las estribaciones del Santuario de Nuestra Señora de La Peña por entre el bosque del barrio Los Laches.

Nos esperaba pacientemente Jorge, un conductor de taxi que se animó a conocer de primera mano lo que pasaba.       

La conflagración fue controlada en la mañana del sábado, pero el control de puntos calientes del subsuelo vegetal tomará más tiempo según explica el Tte. Nelson Bermudez.


¿Qué o quién prendió el fuego?

Los incendios forestales no se dan por generación espontánea. 

Más allá del clima, del "fenómeno del niño"  ̶ al que ahora responsabilizan de todo en el país ̶   o las altas temperaturas y sequedad de la masa vegetal, la actividad humana es la responsable de los incendios forestales. 

Las causas y circunstancias de la conflagración aún son materia de investigación por parte del Cuerpo Oficial de Bomberos, sin embargo está confirmado que su inicio tuvo lugar en los predios de la Escuela Logística del Ejército

Esta unidad militar está ubicada entre 2 y 5 kilómetros al oriente del Acueducto de Vitelma, en las estribaciones de los cerros sur orientales sobre la cuenca del río San Cristóbal y el nacimiento del río Fucha.

Más del 90% de su área la cubren bosques. Sus fronteras son la Reserva Forestal Protectora de los cerros orientales de Bogotá que cubre parte del sistema orográfico y de la estructura ecológica principal del Distrito Capital, según ilustran en su página Web.

Laura Rigarreta, vocera de la Mesa Ambiental de los Cerros de Bogotá, afirma que “el incendio habría sido ocasionado por actividades de los militares del Batallón de Logística del Ejército”. (Ver: "PRÁCTICAS MILITARES HABRÍAN PROVOCADO INCENDIO EN CERROS ORIENTALES DE BOGOTÁ". Estación radial en línea Contagio Radio (@Contagioradio1).

¿Qué se perdió en el incendio forestal?

Ninguna persona perdió la vida. Tampoco hubo heridos. Cinco niños menores y cuatro personas adultas presentaron problemas respiratorios por inhalación de humo. Otras personas más trabajando en la línea de fuego tuvieron lesiones menores. 

Las montañas quedaron por completo erosionadas, lo que facilitará (durante el "fenómeno de la niña") desprendimientos de tierra. 

Las cenizas destruyeron los nutrientes y, sin duda, murieron especies nativas allanando el terreno para que el Retamo continúe la invasión. (Ver: "Los incendios forestales y la diversidad biológica". (FAO).

Los bosques destruidos ya no podrán retener la humedad de la lluvia lo que significa que las quebradas, dentro de un vasto perímetro, no tendrán agua para alimentarse.  
La bióloga Dolors Armenteras explicó sobre el incendio de árboles y plantas (que contienen carbono) en los cerros orientales, que al quemarse la biomasa (residuos forestales), el carbono que era retenido por los árboles se elevó a la atmósfera por la pérdida de vegetación que lo estaba cubriendo.

Esto significa que con la emisión de dióxido carbono CO2 del incendio aumentó en la atmósfera elevando los gases de efecto invernadero (GEI)  ̶que contribuyen al calentamiento global ̶  afectando de manera importante la calidad del aire en Bogotá como en efecto ocurrió.


Así que perdimos todos. Bogotá. Colombia. El planeta. Y no exagero. El ecosistema,  pulmón más importante de la ciudad, quedó herido.   

Y podemos seguir perdiendo el agua, los humedales, más bosques y especies de toda naturaleza animal y vegetal si no le ponemos freno a sus mayores depredadores: el hombre, es decir, nosotros mismos.
Los humedales no son charchos, las reservas forestales no son potreros, los bosques no son tugurios.

No hay que ser naturalista, biólogo, ecologista o ambientalista para reconocer la enorme gravedad e impacto que tienen los incendios forestales en la vida de la ciudad como el ocurrido en la primera semana de febrero.

Los cuerpos de agua, la vida silvestre y los cerros orientales es lo que nos permitirá que la ciudad y sus habitantes puedan enfrentar de mejor manera el impacto del cambio climático.

Cambiar agua por cemento no es desarrollo ni modernidad como pretenden hacernos creer. 

Desarrollo y modernidad hoy es proteger, limpiar, restaurar y fortalecer lo que aún tenemos en la ciudad. 

Los cerros, bosques, páramos, nacederos de agua, quebradas, ríos y humedales de Bogotá no hacen más que recordarnos lo que somos y de qué formamos parte: de la Colombia anfibia. Un territorio y habitantes de agua conectados por el agua.

Bogotá no es un juego de LEGO ni para legos. 



Anotación 1. El 100% de material fotográfico de este reportaje es de mi autoría, salvo algunas fotos que aparecen con créditos de origen. Si alguna de las imágenes de mi autoría le son de utilidad, puede usarlas exclusivamente en la Web con la obligación de señalar el crédito y citar la fuente.
Anotación 2. Aunque el documento "Riesgos a la Salud de los Niños por los Incendios Forestales" de la Universidad de California lo he citado mediante link varias veces en el reportaje, quiero recomendar de manera especial su lectura completa.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Todo por un beso


Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero no para esta foto. Hay mucho que decir sin llegar siquiera a mil palabras. Un símbolo con muchos significados.

Empecemos por el principio: el contexto de la imagen, no de la foto, que más parece una tragicomedia

¿Qué hacían Piedad Córdoba y Álvaro Uribe juntos y en dónde? ¿Es cómo pregunta Jairo Tarazona (@JairoReport) el “beso de judas?”

Mientras el país hacía conjeturas sobre lo que veía sin dar mucho crédito, ese día a la misma hora pero por otro canal, otro niño Wayuú que moría por desnutrición sin ser el foco de atención de la sociedad en la península que se entretenía con la posesión del Oneida Pinto como Gobernadora de la Guajira, pese a que ya lo había hecho un mes atrás.

La subjudice política (que es decir poco) repitió su posesión en “un ritual simbólico” en la Catedral de Riohacha ante la comunidad Wayuú  ̶ de la que desciende ̶, los Palabreros wiwas, arhuacos, koguis y kankuamos, Nasa, Awa, Pijao, Inga, Embera, Muisca y Mocaná, la Nobel guatemalteca de Paz Rigoberta Menchú, la virgen de Nuestra Señora de los Remedios y, por su puesto, Monseñor Héctor Salah Zuleta.

Lo mismo hizo Juan Manuel Santos el 7 de agosto de 2010 en la Sierra Nevada de Santa Marta cuando los hermanos mayores de los pueblos koguis, arhuacos, kankuamos y wiwas le entregaron “el mando de los valores del equilibrio con la naturaleza” (!!)*. ¿Recuerdan? Otro ritual, simbólico.

Pero además de Córdoba y Uribe, otros políticos y ministros  acompañaron a Pinto el martes 2 de febrero.

Pero vuelvo a la imagen, su sentido, lo que comunica.

Cada vez que aparecen públicamente Córdoba y Uribe, los medios crean una noticia. Y aunque hoy ya no se les sigue palmo a palmo en sus andanzas como años atrás, aún a ella se le quiere judicializar por lo que sea y a él celebrarle todo, como escribió Juan Diego Restrepo.

Decir como anota El Espectador que Córdoba y Uribe están en orillas políticas contrarias  por “cuenta de los conceptos que tiene cada uno para llegar a la paz en Colombia”, no solo es inexacto sino hasta mentiroso.  

La sorpresa del “reencuentro”, como lo llaman los mainstream, no es entre dos contradictores extremistas o rivales ideológicos, todo lo cual tendría alguna gracia, sino entre enemigos, un perseguidor y una perseguida política.

Después de estrechar la mano de la “Maestra” Rigoberta Menchú en un saludo de cordial, ante la Vieja Mello y de manera natural, Uribe rodea a Piedad Córdoba en un abrazo que sella con un beso en la mejilla con un sonriente comentario: “estás bonita, estás como quinceañera”.

Más de uno quedó desconcertado ante la "emblemática" imagen como la describió el mismísimo coordinador residente ONU en Colombia Fabrizio Hoshchild. La colombiana por la paz y el colombiano de la guerra deponen las armas.

¿Cómo una persona que fue espiada ilegalmente, hostigada y perseguida de manera comprobada por el gobierno de Uribe y acusada por “traición a la Patria” puede tener un saludo nada indiferente y tan personal con su verdugo?


Normal y necesario, sin duda. "Perdona a tus enemigos, pero nunca olvides sus nombres”, escribió J.F. Kennedy. La perdonanza quizás sea el derrotero que sugiere la “emblemática” imagen: todo por un beso.

Ojalá también los niños Wayuú superen los reflectores, flashes, titulares y esos 140 caracteres en los que Colombia los ha olvidado como una condena.



miércoles, 16 de diciembre de 2015

Alguna vez siempre es la última

Rafa desafiándome con su ternura. Foto Bun - Agosto 22 de 2015 


Alguna vez siempre es la última

En la muerte de Rafa Baena

Logré verlo un jueves de julio a a las cuatro de la tarde, luego de un largo silencio mutuo. Apareció de repente, mustio y blanco sobre la blancura como una azucena marchita, con el aura sobrenatural y la energía desbordada de quienes están acostumbrados a la lucha cuerpo a cuerpo con el propio cuerpo.

La primera novela había sido una sorpresa de guerreros y poetas decimonónicos, en contravía de todas las tendencias; la segunda, un cañonazo de advertencia sobre su incontestable acomodamiento en la galería del género novela histórica; la tercera, una caricia en los recuerdos de todos nosotros y la cuarta un manifiesto de ternura… En el medio se deslizaron dos opúsculos más: su crónica salvaje del mundo pornográfico y su ensayo erudito sobre los caballos y la guerra. No conocía esos últimos… 

El encuentro no daba más espera. Era la parte baja del noveno inning y ambos lo sabíamos, de manera que dio base por bolas a mis lanzamientos sobre el origen de sus demonios, alargándome un infolio pequeño, en dieciseisavo como dirían los editores de antaño, preciosamente editado: Ciertas Personas de Cuatro Patas. Me lo dedicó con ternura y me lo alargó con gesto incontestable, que no daba lugar ni a las gracias. “Escribo por el mismo placer de cabalgar”, me escribió después. Hábilmente –zorro periodista que era –  desvió la conversación de mis bienintencionados interrogantes sobre las bambalinas de Siempre Fue Ahora o Nunca, a los brillos ya lejanos de la juventud, de la universidad, de ese jefe común y descomunal que fue Fernando Garavito, de los tiempos de revista Credencial, de cómo los destinos se nos habían entrecruzado como hilos de una autopista que van paralelos sin toparse jamás… 

Nos despedimos con el abrazo de tácita tristeza de quienes se tastasean en un recodo del camino y continúan solitarios la ruta, a sabiendas de que muy probablemente no volverán a verse.

Me llevé a Ciertas Personas en un viaje de traidoras compañías por las noches de mala muerte de Magangué y las rutas sobrenaturales de Mompox, por el brazo del río que ya nadie navega. Releía por entonces el Anábasis de Jenofonte, en un intento por recuperar las claves perdidas del periodismo que alguna vez hice y se acabó. Y los leí en paralelo, y al ver cómo los Diez Mil que en realidad eran once mil, cruzaban Persia desde el Bósforo hasta el Golfo y regreso, a pie, entendí por qué Rafael decía que algunos pueblos griegos no cultivaron la equitación guerrera: no tenían la cultura, porque no podían darles de comer a sus bestias en las breñas infecundas del Peloponeso.  Y así se lo escribí. Su respuesta no pudo ser más sencilla: le honraba que su humilde obra fuera leída en paralelo con un clásico. Jenofonte escribe más sencillo que vos, lo cual ya es difícil, le dije, y nos cruzamos unas cuantas observaciones sobre amigos comunes en cuyo recuerdo se cimenta Ciertas Caballosidades (si se me permite la variante, a la luz de Tanta Sangre Vista).

Pero el mail se quedó vacío y yo me quedé esperando que el umpire me decretara un extra inning. No lo hubo. Alguna vez siempre es la última vez, y fue aquella. Gracias Amalia por esa tarde en donde abusé del aliento de Rafael hasta donde pude… Ya quisiera yo haberle dado el mío para que siguiera escribiendo con esa furia y esa determinación que lo llevó a redactar cerca de 2500 páginas en siete novelas en diez años.
Adiós mi vale. Limpio y sencillo, sin pretensiones, no has muerto. Te volviste un faro…

Este (maravilloso) texto sobre Rafael Baena que comparte Sentipensantes con autorización del autor fue publicado en el block de notas de Facebook de Carlos Mauricio.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Lecciones de Godofredismo en 343 páginas


Ángel Becassino, Toño Morales y el poeta Juan Manuel Roca
Foto by Bun smartphone 
Por Juan Manuel Roca

Iba a decir unas palabras sobre el excelente libro de humor satírico de Antonio Morales, “Godofredismo”, pero al momento de zambullirme en la pantalla y por argucias de algún chuzógrafo (cabe recordar qué profesión tan prestigiada fue la chuzografía en los dos cuatrenios anteriores), ocurrió lo que de seguro ya imaginan: alguien se coló en mi correo y deslizó con seguridad casi democrática esta carta enviada por el mismísimo Godofredo Cínico Caspa. Les comparto entonces esta pieza memorable:

“Por ahí dizque anda de mano en mano, manos apátridas sin recato, un folletín escrito por un espurio y desgualetado periodista en el que me veja a mí, Godofredo Cínico Caspa y en mi noble humanidad a todos los Godofredos que amamos en tres tiempos la bandera azul, la patria y el chocolate con queso. Cuando me vejan, me befan, me escrupulan, me empequeñecen, también vejan, befan, escrupulan y empequeñecen a todos los Godofredos de la Colombia inmortal. Lo hacen, a fe, porque amamos Convivir con nuestro glorioso pasado, con Laureanos y Marianos, hombres de cromagnon de nuestra sacra doctrina que anunciaban con clarines el ubérrimo advenimiento de Uribe, el grande. 

Loado sea ese hombre sano de mente y más sano de cuerpo, un portento mental al que nunca, ni en las peores endemias, se le bajan las autodefensas. 

El insolente de marras se atreve, como lo hizo un calanchín circense llamado Jaime Garzón, que Dios lo tenga en la paila mocha con Gabo, como dijera una grandiosa pensadora, a lanzar su desafinado cuac empastado, su anarcocantaleta contra mis pares, contra la legión mariana de los Godofredos viriles y bien bragados, forrados en Cristo.

A un insigne creador de pirotecas, que echó al fuego eterno un bulto de libros inmundos como el de Morales, habría que rogarle en un exorcismo ritual, que quemara también ese volumen relapso, y ojalá los atizara con algunos otros de Iván Cepeda, de Alfredo Molano y otras hierbas indeseadas, de su misma laya sediciosa.

No es otro el propósito del levantisco Antonio Morales que avalar la horrible asonada contra la guerra, que avalar la indeseable vesania de la paz. A los bandidos y a los execrables defensores de los derechos humanos no hay, padre nuestro, que avalarlos, hay que abalearlos como bien se lo merecen.
Celebren su aquelarre. Nada se me oculta, mequetrefes. Se que se reunirán a ecuchar música de negros en una Casa de Citas y a darle palmaditas al zángano señor Morales. ¡Se que el castro-chavismo baila mambo y hasta hace cabriolas con una pollera que, ideológicamente, para ellos tiene que ser “colorá”!

Los que celebra su libraco son los descarados impulsores de la paz. Gentes sin heráldica ni señorío que nos concitan a los auténticos adalides del nacionalismo a practicar el tiro al blanco de la paz. Ya nuestros heroicos defensores, en otras calendas ejercieron su tino en las siluetas móviles de unos que se decían unidos y se decían patrióticos. 

No olvidemos que la realidad es de facto y el poder para no soltarlo. No olvidemos que a nombre de la objeción de conciencia quieren desvalijar nuestro glorioso ejército, ¡oh júbilo inmortal!.

Invito a los hombres probos del país, que no son los debiluchos agremiados en el pandemonium LGBT ni mucho menos fantoches que joroban todo el tiempo por el deterioro ambiental, cuando son ellos los que tornan el aire mefítico, intolerable, a que no acepten ni regalado el folletinesco libro perversamente titulado “Godofredismo”. O qué caray, que lo reciban pero lo pongan de inmediato en las manos ígneas del procurador.

Queremos que el país siga bien, tal y como va, y que no nos vengan con las argucias y madedicencias de la paz. Queremos que el país siga como en los versos recamados de Silva, viviendo una noche toda llena de chanchullos y de música de balas.

Ya lo saben, copartidarios, nada de dudar de nuestros principios frente a los bárbaros, además los principios hay que dejarlos para el final. Nuestro lema seguirá siendo: que mi mano derecha no sepa lo que hace mi otra mano derecha. Godofredos de todos los países, ¡uníos!. Amén.

Atentadamente, Godofredo Cínico Caspa, doctor del bien decir y árbitro de la elegancia.

El periodista, publicista y creativo Ángel Becassino y el escritor y poeta Juan Manuel Roca presentaron el libro GOFOFREDISMO del escritor y periodista Antonio Morales Riveira, en una velada cálida, hilarante pero inteligente el pasado 20 de noviembre de 2015 en Casa de Citas, un lugar dónde todos los días se dan cita gentes de la cultura, de la buena mesa peruana y la mejor salsa en el centro histórico de Bogotá. 

martes, 27 de octubre de 2015

En primera persona

Realmente me ilusionaba sentir (no pensar) que la hegemonía del macho iba a llegar a su fin. Quizás esté cerca pero no era ayer, para este tiempo. 
Mi alma no se aquieta aún de la muerte súbita de las ilusiones y trata de desmenuzar un poco el por-venir. 
Me ayudo pintando mándalas, como está que les comparto, la penúltima de mi nuevo libro para colorear. 
Y digo la penúltima y no la última o el fín, mientras me dispongo a ordenar y separar emociones y sentimientos para continuar caminando en esta misma realidad pero con un telón distinto. 
Ya nos repondremos unos y otros, de este mezcla parda y clara de sorpresa. No tenemos otra opción. 
Me preparo para aceptar y respetar la decisión de una contundente mayoría deseando que se construya sobre lo construido y el ojo avizor puesto sobre el cuidado del agua. 
Nada deseo más que a Peñalisa y la gente que reúna para trabajar con él por Bogotá, lo haga y le vaya bien. 
Todos no lo merecemos. También, que en la izquierda democrática se pueda revisar, evaluar y retomar con realismo el camino de la siembra y cortas cosechas.

Post pos elecciones
Octubre 25 de 2015

lunes, 26 de octubre de 2015

De agua somos


De agua somos 

Del agua brotó la vida. Los ríos son la sangre que nutre la tierra, y están hechas de agua las células que nos piensan, las lágrimas que nos lloran y la memoria que nos recuerda.

La memoria nos cuenta que los desiertos de hoy fueron los bosques de ayer, y que el mundo seco supo ser mundo mojado, en aquellos remotos tiempos en que el agua y la tierra eran de nadie y eran de todos.

¿Quién se quedó con el agua? El mono que tenía el garrote. El mono desarmado murió de un garrotazo. Si no recuerdo mal, así comenzaba la película 2001 Odisea del espacio.

Algún tiempo después, en el año 2009, una nave espacial descubrió que hay agua en la luna. La noticia apresuró los planes de conquista.

Pobre luna

Eduardo Galeano

Los hijos de los días


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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Yo vengo a ofrecer mi corazón

  

Quien dijo que todo está perdido
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Tanta sangre que se llevó el río
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
No será tan fácil yo se que pasa
no será tan simple como pensaba
como abrir el pecho y sacar el alma
una cuchillada de amor.
Cuna de los pobres siempre abierta
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Como un documento inalterable
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Y uniré las puntas de un mismo lazo
huiré tranquila me iré despacio
Y te daré todo y me darás algo
algo que me alivie un poco más.
Cuando no haya nadie cerca o lejos
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Cuando los satélites no alcancen
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Y hablo de países y de esperanzas
Hablo por la vida
hablo por la nada
Hablo de cambiar esta nuestra casa
De cambiarla por cambiar no más.
Quien dijo que todo está perdido
Yo vengo a ofrecer mi corazón.

Mercedes Sosa

domingo, 20 de septiembre de 2015

¡Ahinamá!


Para Alberto Rodríguez Tosca
poeta cubano-colombiano
¡Grande su palabra, grande en la amistad!


Vengo a pegar un grito vagabundo por mi amigo Albert.

Se fue al inicio del otoño cuando las hojas de los árboles se caen. Recogeré varias de ellas para separar las páginas de su libro que más me gusta.

Cuando lo conocí me asomaba a la adolescencia y no paraba de preguntar -cosa que no ha cambiado tanto-, y recuerdo ahora esa larga caminata un domingo soleado de enero en Bogotá. 

Recorrimos a pie, por entre los separadores sembrados de árboles, las calles que van de La Soledad al Parque Simón Bolívar. Mi padre pateaba piedritas mientras conversaba con otros más adelante; él y yo, atrás. Escuchaba atento todas mis teorías de peladita como si fuera muy importante y serio lo que le decía.

Lo quise, lo quise mucho desde el principio. Contaba chistes malos que son los que más me hacen reír, de esos de párvulo en primero de primaria. Cuando hablaba de cine lo hacía desde su gran conocimiento pero con una falta de pretensión desarmante, como desarmantes eran sus ojos que miraban como venado a punto de ser cazado y su sonrisa de dientes separados. 

Él se reía como el niño cubano que dejó en la puerta de su casa hace muchos años; el mismo niño que se fue a recoger hace poco antes de irse para ese lugar donde dicen, ninguno sufre, porque allí somos nadie y todo a la vez.

El arro' congrí que nos hizo en Medellín a un grupo selecto de enfiestados comensales, fue el primer plato cubano que probé en mi vida. No habrá nadie que pueda cambiar ese recuerdo feliz comiendo un plato de arroz.

Lo quise, lo quise mucho desde el principio. Él también me quiso, me quiso mucho desde el principio. ¿Y cómo no estar feliz por eso? Entre todas las posibilidades del mundo que existían para no encontrarnos, nos encontramos. Qué fortuna, caballero.

El último intercambio de correos que tuvimos fue sobre el afecto y una camisa. No pudimos despedirnos en una de mis visitas a Colombia, pero le dejé un regalo: una camisa de tela fina que solo le podía quedar bien a un flaco como él. A lo que respondió:

"Mi muy querida Andrea:
Gracias por tu regalo y siento no haberte escrito antes. Es la camisa más linda que tengo y tú -aunque nos veamos con tan poca frecuencia- una de mis mejores amigas. No es retórica, y tú lo sabes.
Un gran abrazo, A."
Chao mushasho -como dicen en tu Cuba-. Mushasho bello, ¡ahinamá!


Alberto Rodríguez Tosca vivió en Bogotá desde 1994. Un poeta, ensayista y narrador cuya voz y nombre enaltecen la literatura iberoamericana. Su huella de amistad es atesorada entre los poetas locales que lo acogieron como a uno más. Se marchó, con sus 53 años a cuestas y un cáncer que lo acosó por un corto tiempo, en la madrugada del 16 de septiembre en La Habana. 

Las fotos se las tomé el 23 de marzo de 2012 en La Casa Tomada durante la presentación del Libro El país Imaginado del también poeta Robison Quintero.