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05 abril 2014

Para policía de Bogotá, los mendigos no tienen derechos humanos


Eran casi las 4 de la tarde. La periodista Natalia Torres y yo salíamos de la estación Las Aguas de Transmilenio. Caminamos hacia el sur el Parque de los Periodistas y desde más abajo del Templete al Libertador, advertimos de lejos que en la esquina de la Avda. Jimenez con carrera cuarta (Eje ambiental), al frente del Hotel Continental, un policía le daba puntapiés a un bulto en el piso.

Cuando llegamos en nuestro camino a ese punto, vimos que el bulto era una persona. Un hombre de cabello negro ondulado, vestido de harapos en posición fetal que cubría su indescifrable edad y absoluta miseria con una cobija mal oliente.

Le dije al policía (74810) que si quería le tenía el radioteléfono para que pudiera mover a esa persona con la mano y no con una patada. Me dijo en tono alzado: ¡no se meta! ¿Cómo que no me meto?, le respondí. Es una persona y usted no tiene ningún derecho de patearla.

Hice una foto del policía y la compartí en twitter denunciando lo que ocurría:

Alce la voz e increpé al policía: ¡Oiga, qué hace! ¡No es un perro! (que me perdonen los perros que tampoco lo merecen y los defensores de animales). ¡Su deber es respetar los derechos de esta persona, no quitárselos!

Mientras el policía (74810) en un tono displicente y agresivo me seguía insistiendo en que no me metiera, que no era mi problema, el otro policía (68703) que lo acompañaba, de guantes negros y aún subido en su  moto, sonreía. Actitud que mantuvo durante todo el episodio.

Me dirigí a este y le dije: ¿Por qué usted no lo despierta con las manos y no como su compañero a punta de patadas? Me respondió: "¡No! ¡Cómo se le ocurre! Me da asco tocarlo. ¡Qué tal que tenga una enfermedad!".  

Pues ninguno de los dos puede despertar a esta persona a patadas, les insistí aún más irritada (por decirlo decentemente). Me agaché y le hablé a esa persona, y con mis manos, las únicas que tengo y sin guantes lo moví varias veces diciéndole: señor, despierte… sin suerte. No conseguí que despertara.

La gente se iba juntando en el lugar. Estudiantes y transeúntes se sumaron a la espontánea protesta reclamando que no podían despertarlo a patadas, que tenían que respetarlo, que no era un bulto de basura, no sin murmurar, "pero si en este país todo funciona igual".

Desde que tomé la primera foto y comencé a hacer los vídeos que aquí ven, el policía (74810) sacó su IPhone y comenzó a grabarnos, a Natalia y a mí y a todos cuantos se fueron juntando en el lugar. Dejaron de darle puntapiés.

Hice fotos de esta persona, de su rostro y mientras lo hacía dije: no quiero ver después a esta persona muerta como un NN en un potrero de Bogotá o convertida en un "falso positivo" como se acostumbra en este país de "noche y niebla". Pasó y pasa de manos de la policía y en el ejército, especialmente.  El policía (68703) que no dejaba de sonreír, se molestó y me dijo que eso no era verdad y que yo no tenía ningún derecho a decir eso.  

Llegó un camión de la policía y el que nos filmaba con IPhone (no cualquier teléfono) gritó: "¡Échenlo al camión”! El que conducía no hizo caso y se marchó. (Tal vez  porque, para ese momento, éramos muchos más los defensores de los derechos humanos que sus violadores).

4:30 Llegó una patrulla de la Policía. El que venía en esta, de mayor jerarquía, escuchó la denuncia que hacíamos no solo Natalia y yo sino todas las más de 10 personas que se arremolinaron en el lugar, no a chismosear qué pasaba, sino a sumarse en defensa de esa persona tirada en el piso.  

Le ordenó al policía (68703) que levantará a la persona y la llevará a la patrulla porque la trasladarían al hospital Santa Clara. Ya no le dio asco de que tuviera alguna enfermedad y obedeció. Lo levantó con cuidado y lo llevó hasta el carro.


No sabemos quién es, como se llama. Otras dos mujeres antes que nosotras habían grabado lo que ocurrió. Nos explicaron que, minutos antes, esta persona sufrió un ataque de epilepsia y cayó al piso.

Cuando se llevaron al mendigo en la patrulla (17-0688), en teoría al hospital Santa Clara para ser atendido, una funcionaria de espacios públicos de Bogotá (de la Bogotá Más Humana según decía su uniforme), nos dijo que acababa de entrar a su turno de las 5 de la tarde, y que lo que tenía que hacer la policía por protocolo era haber llamado una ambulancia.

Desconocemos el destino que tenga la grabación que realizó, en una clara actitud de persecución, especialmente contra la periodista Natalia Torres, el policía (74810), a quién se le cuestionó hacerlo sin que, por un momento, dejará de grabar. De hecho, el mendigo, asunto de la discusión entre ciudadanos y la fuerza de policía, dejó de ser el objetivo del uniformado.

No existen hechos menores en un país y en una ciudad que aún sigue despertando y viviendo situaciones de los mal llamados "falsos positivos". Cualquier desacato al respeto de los derechos humanos de una persona, y más aún si está forma parte de la población más indefensa y vulnerable de una sociedad, debe ser motivo de indignación y repudio. No es posible seguir permitiendo que la Policía, que debe garantizar su protección y cuidado, no los respete ni valore.

Compartimos esta historia y denuncia pública ante la Policía Metropolitana de Bogotá. El respeto y garantía de los derechos humanos en Bogotá y en Colombia debe pasar de los foros, las declaraciones, los diagnósticos, los libros y las denuncias y anuncios de uniformados y de todo el mundo, a las buenas conductas y practica efectiva de los mismos.

¿Será que si lo llevaron y llegó al hospital de Santa Clara?

Denuncia y post escrito a dos voces. Natalia Torres (@natadelaleche) y Gloria Ortega Pérez.