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13 diciembre 2018

Rafa Baena forever and ever

Foto de Nicólas Ordoñez

para Amalia Carrillo,
su gran amor

Esta publicación que ofrece Sentipensantes, son apartes del Texto Especial del periodista Carlos Mauricio Vega publicado en la Revista Arcadia. Aunque tuve la generosa primicia del texto compartido por su autor para incluirlo en mi Blog el 24 de enero del 2017, por razones de DA de la Revista permaneció en la Carpeta Borradores bajo el título: "Derrotas de la muerte". Al cumplirse mañana 14 de diciembre tres años de la mudanza de mi amigo, del cómplice de vida y del gran escritor lo saco del ostracismo de esa carpeta y lo publico bajo un nuevo titulo: "Rafa Baena forever and ever". 


'El periodismo me salvó del aburrimiento perpetuo'

Fue lo que le dijo Rafa en una entrevista a Jorge Consuegra en el 2014.

Rafael Baena Cumplido se evaporó tempranamente, a los 60 años, en su momento más bello, dejando tras de sí una obra copiosa y una lección de dignidad. La sociedad que lo celebró como escritor le falló a la hora de socorrerlo en su enfermedad terminal.

Esa última historia de su vida, su último cubrimiento periodístico, el de su propia muerte, está registrada en su libro póstumo, el octavo de su producción, que sale al mercado este febrero. “Memoria de Derrotas”, una anti-novela en la que el escritor se retrata al revés, propone un anti-yo: el personaje es un editor que intenta escribir infructuosamente una única novela mientras sufre los mismos avatares de Rafael frente a la muerte. 

Tal vez por eso, porque al escribirla sabía que iba a ser póstuma, que cuando la leyeran él ya no iba a estar, la compuso desde el más original de los puntos de vista: el del más allá. Y tal vez por ello escogió como voz una distante tercera persona que se narra a sí misma.

“Memoria de Derrotas”, la única de sus obras de la que podría predicarse que es “de actualidad” en el sentido periodístico de la expresión, está permeada por una perspectiva histórica. 

Esta paradoja la convierte --sin ninguna estridencia-- en un J’Accuse, en una requisitoria implacable contra esta sociedad en donde Baena floreció y languideció simultáneamente, y en donde produjo una obra monumental con un hilo de aliento. 

Foto de Claudia Rubio
“Memoria de Derrotas”, título que tiene un sentido marinero y otro vital, es la contradicción del Baena novelista histórico: celebra el sexo como negación de la muerte, analiza la coyuntura histórica, homenajea a muchos de sus amigos y contemporáneos y deja un fresco conmovedor del país que nos toca vivir: señala la corrupción del periodismo, el desprestigio sin reversa de la política, la perversidad del sistema de salud y la estupidez del aparato cultural. 

Su juicio es contundente y difícilmente cuestionable porque está escrito con la tranquilidad de quien no tiene nada que perder y posee además la autoridad del honesto. Rafael Baena, como predica Kundera en “El Arte de la Novela” acerca de los verdaderos escritores, no le rinde cuentas sino a Cervantes.

Murió en el momento en que quiso, en el pináculo de su maestría como novelista, cuando consideró que su obra estaba terminada. 

Quién lo hubiera creído. Aquel fotógrafo callado, de grandes ojos asombrados, que se comía las uñas hasta la cutícula mientras meditaba alguna respuesta tan contundente como original, apareció de repente como uno de los novelistas colombianos más destacados del siglo XXI.

Digo “de repente”, y el adverbio es injusto, porque detrás de las siete novelas y un ensayo y de las más de 3000 cuartillas de literatura que Rafael Baena pulcramente construyó durante los últimos diez años, hay una dosis de disciplina, abnegación y entrega monumentales. Lo hizo alternando en secreto su formación de escritor con treinta años de duro periodismo, entre los oficios de fotógrafo, reportero, editor y cronista. 

Trabajó en sus novelas los fines de semana y en las madrugadas, y luego continuó de tiempo completo gracias a una escasa pensión de invalidez. Todo ello, mientras levantaba una familia de tres hijos con la literata Amalia Carrillo, su alter ego y compañera hasta siempre, sin cuya callada e infinita gestión no habrían supervivido ni la obra ni el novelista.

Víctima de una enfermedad pulmonar sin regreso, Rafael Baena pasó los últimos diez años de su vida encadenado a una cánula de oxígeno, en su hermoso apartamento de Chapinero Alto. Sin aliento, pero con los arrestos de un atleta, emprendió la composición de siete novelas y un precioso ensayo sobre caballos: casi un libro por año. 

La enfermedad y la presión de la muerte, siempre cercana, lo llevaron a producir al ritmo de una redacción de periódico, similar al que impone la hora de cierre de la edición, que cae como una guadaña sobre los redactores. En este caso la guadaña era literal: con una saturación de oxígeno inferior al 20%, la muerte podía decretarle el tercer out en cualquier momento y sacarlo del montecillo de pitcheo antes de que pudiera lanzar otra serpentina literaria. 

Pero Rafa usó los primeros innings para calentar el brazo en el box de lanzadores del periodismo, y así aprendió a manejar la presión, que muchas veces conlleva al error y a la superficialidad. Sin embargo, para Rafael la presión de la Compañera Muerte, que le respiraba en el hombro, supuso producir no sólo en cantidad sino con perfección y detalle. 

Muchos años de preparación previa y de abrevar en fuentes históricas y familiares debió suponer este proceso para desembocar en la catarata productiva de esos últimos diez años. Desarrolló un método de escritura que lo acompañaba en todo momento. Alguna vez, en una reunión social, lo vieron absorto y callado en una silla. Qué hace, Rafael, le dijeron. El alzó el dedo índice y con la mirada de los ciegos contestó a media sonrisa: “Escribo”.

A ese efecto llevaba siempre en el pecho una pequeña libreta Moleskine en donde tomaba apuntes precisos y claros que luego se trasladaban casi literalmente a los textos definitivos. Amante de la cocina, del fútbol y del béisbol, interrumpía sus lecturas y sus horas de escritura, que eran casi todas, sólo para cocinar de once a una con la minuciosidad y el orden de un artista y para concelebrar cada miérércoles frente al televisor la ceremonia ecuménica de la pelota.

Foto montaje Búnker
Escribió, escribió, escribió incansablemente, sobre guerras ignotas pero imprescindibles para entender lo que ahora nos sucede; sobre héroes olvidados o anónimos, sobre figuras intocables como Bolívar, sobre el mundo del porno, sobre caballos, sobre su juventud setentera. 

Pero para escribir tanto tuvo que haber leído a fondo sobre cosas que ya nadie lee: las guerras púnicas y los ejércitos persas, los cruces de razas de caballos y los cruces de las grandes montañas, las armas de caza y las de guerra, las tácticas cuerpo a cuerpo de la época de las cargas a la bayoneta y las estrategias envolventes de los escuadrones de caballerías de tiempos idos.

Rafael fue un escritor en contravía. En una época de vanguardias ininteligibles y efímeras, que consagra el culto de novelas urbanas como “Opio en las Nubes” de Chaparro Madiedo, o produce efímeros movimientos de contracorriente como McOndo, Rafael emprendió una serie de novelas que muchos editores comerciales condenaron al fracaso: novelas bucólicas, rurales, bélicas y decimonónicas, es decir, a contrapelo de las modas y tendencias y sobre temas que se consideran ya superados. 

La primera de ellas, “Tanta Sangre Vista”, es en realidad la historia de una carta. A través de ella se adivinan unos amores desgraciados en una guerra civil de un país tropical que se vislumbra como Colombia, entre el polvo de datos ciertos y falsos que Baena sopla hacia la realidad como un prestidigitador, para recrearla y hacerla más rica que la realidad misma. 

Una novela sutil y delicadamente construida, olorosa a cuero de alforjas y a almohaza de caballo, en donde un oficial peregrina por un país en guerra con una carta clave para uno de los ejércitos, a horcajadas entre un amor imposible y un deber que le puede costar la vida. Escrita para cumplir con una apuesta, “Tanta Sangre Vista” es una de las mejores óperas primas de un escritor colombiano reciente, comparable tal vez con “Primero Estaba el Mar”, de Tomás González.

Hasta allí el talento de Rafael Baena parecía seguir una derrota normal. El fotógrafo de carácter taciturno, capaz de cubrir con el  mismo profesionalismo tanto un partido de fútbol como un enfrentamiento con la guerrilla, el estudiante que se había destacado en la  universidad por su sencillez y modestia frente a un pénsum que a todas luces le quedaba chico, el callado reportero que con su maestría para titular y mejorar textos ajenos se había ganado el título de editor periodístico en Cambio16, en Cromos, en El Espectador, de pronto demostraba que también podía escribir una buena novela. 

“Tanta Sangre Vista” fue redactada en los tiempos muertos de su trabajo como editor de la revista Credencial y en los vivos fines de semana de su diminuta casa de campo en las montañas de Sopó, a donde llegaba a todo trapo, con la escandola de su prole bajo las lonas de su jeep Willys 1954 verde mate, que junto con el sempiterno cigarrillo, sus enormes ojos grises y su bigote entrecano, se convirtió para sus amigos en su marca de fábrica.

Allá, muy lejos de su Barranquilla adoptiva y del mar de Ciénaga donde buceaba y cazaba con escopeta en sus años colegiales, disfrutó de los caballos de algunos bonvivants cercanos a quienes asombraba con su erudición sobre el tema. Y lo más importante, incubó -al calor de su amistad con sus vecinos de finca, los artistas Javier Gutiérrez y Liliana Wills- sus siguientes libros. Fue Javier, también retratado al aguarrás en estas memorias de derrotados como un escultor de bronces medioevales perdido en el tiempo de lo perecedero, uno de sus lectores de originales y el más despiadado de sus críticos.

Libros que vinieron como una seguidilla de rápidos batazos al jardín izquierdo: primero apareció “Vuelvan Caras Carajo”, otro roletazo en contravía del establishment literario. A través de la voz de uno de los militares ingleses que participaron en la campaña libertadora, resucita y pone a caminar al Negro Rondón, el hombre de la carga del Pantano de Vargas, y a través de él al general Culoeyerro, al Tío, al Longanizo: a Bolívar.

Luego vino “Samaria Films XXX”, original novela, casi de escritura automática, sobre la trasescena de una compañía productora de  porno. Después compuso “La Bala Vendida”, una de las pocas novelas bélicas que aborda la guerra, un tema tradicionalmente machista, desde un punto de vista femenino: desde la ausencia. Por encargo de un editor, escribió entonces una colección de delicados ensayos sobre el papel del caballo en la historia de la humanidad (“Ciertas Personas de Cuatro Patas”). Para entonces ya había alcanzado la maestría, y volvió a sacarla del estadio en 2014 con “Siempre Fue Ahora o Nunca”: una novela donde la voz narrativa es de nuevo femenina y se tejen amores difíciles sobre un bastidor histórico real: la Colombia de los años 80 y 90. Casi 800 páginas sobre guerrilla, paramilitarismo, amor, muerte y periodismo.

***

Foto Colprensa
Al cambiar de oficio, de periodista a novelista, Rafael Baena no buscó ni la gloria ni el lucro personal. No utilizó jamás el reconocimiento que le otorgaba sus dos décadas largas de oficio para proyectarse como escritor. 

Sus obras caminaron solas a partir del momento en que las parió. Salvo la mentoría de colegaje que le brindó Darío Jaramillo Agudelo, no requirió el favor de la crítica ni hizo parte de cenáculos literarios ni de movimiento o vanguardia alguna, ni acudió al frecuente recurso del amiguismo para obtener prebendas o favorecimientos que lo sostuvieran en sus solitario empeño. 

Mantuvo una independencia inalienable y ejerció la libertad de opinión absoluta que le es dada a los espíritus libres. Hizo literatura por la literatura misma. 

De tarde en tarde se acordaba de consultar su cuenta bancaria, no para constatar el saldo de sus derechos de autor, siempre magro, sino para confirmar que sus libros circulaban. Tampoco quiso aceptar columna o espacio de opinión periodística alguna. Su alter ego en “Memorias…” lo explica: “… asumir el papel de columnista de prensa exasperaría su sentido del ridículo… Miren qué culto soy, y cuán perspicaz e inteligente, y lo bien que escribo a partir de mi vasta experiencia, queridos y fieles lectores que también pueden encontrarme en Twitter y Facebook. ¿Periodista él? Si bien a lo largo de su vida ha caído muy bajo en varias ocasiones, no piensa exagerar”.
   
* * *

En “Memoria de Derrotas”, Rafael Baena discute e invoca el derecho del novelista a novelarse a sí mismo de una manera no autobiográfica: abre la discusión como un actor que cambia de traje frente al público, y asume las máscaras de sus personajes: Cavadía, en Marcelo, Eloísa su exmujer, en Clara su mejor amiga... Luego la obra adquiere varias dimensiones. Baena recurre a una tradición ya olvidada o al menos desechada por antimoderna: la de la novela dentro de la novela, al estilo de “Historia del Cautivo” o “El Curioso Impertinente”, dos textos breves y autónomos que Cervantes insertó en el Quijote; o la historia del marino amotinado Steelkilt que recoge Melville en “Moby Dick". 

Publicación Revista Arcadia
Baena inventa un escritor antagonista, Juan Eugenio Cavadía, tan odioso como exitoso, quien además le clava la banderilla de casarse con su exmujer. 

A través del artificio de estar obligado a conocer los originales de Cavadía por su oficio de editor, Baena nos permite echar una mirada a los textos más disímiles, que probablemente son embriones de otras tantas novelas o cuentos que él mismo no alcanzó a terminar, y entre los cuales hay por lo menos dos memorables: la historia de la señora Neville, la Catira Inglesa, perdida en los Llanos tras buscar a su marido, un oficial inglés baldado durante la campaña de Boyacá. 

Y la de “Campanas Al Vuelo”, historia de un grupo de soldados de Alfínger muertos de hambre en las selvas del Opón, que primero se devoran a sus guías indios y luego se comen entre sí. Baena crea un clima de sospecha mutua tan intenso como el del “Aguirre o la Ira de Dios” de Werner Herzog. “Empezaba a caer en la duermevela cuando sintió que en su interior la sospecha se abría paso hasta convertirse en categórica clarividencia: acababa de comer carne de humano”. Pero en últimas, el cargo de conciencia del soldado europeo se alivia con la consideración de que al fin y al cabo un indio no es humano. 

A partir de esas reflexiones sobre el origen de nuestra idiosincrasia mestiza, Baena traza finos paralelos con la situación actual, no lejana del canibalismo social y financiero.

Retrata su peregrinación de hospital en hospital y de tutela en tutela hasta que logra que nuestro kafkiano sistema de salud lo ponga en lista de espera para un trasplante de pulmón, que le programan en otra ciudad, en Medellín, a donde debe trasladarse permanentemente, sin recursos y sin otra esperanza que la del azar de que aparezca un donante. Ocurre lo que era de esperarse, es decir nada, y Rafael, es decir, Marcelo, decide “hacerle una inútil morisqueta al sistema” y enviar al cuerno de la luna al trasplante, ubicándose en un territorio de autonomía desde donde se hace dueño de su destino y se da el lujo de decidir cuándo será su cita con la muerte.

“Tras sobrevivir a otra crisis se ha ratificado en su decisión de no esperar a que la muerte venga por él, sino a citarse con ella en un punto y hora determinados”, escribe Baena que escribe Marcelo sobre sí mismo.

***

Portada del Libro que será
lanzado el 22 de febrero de 2017
Para llegar a semejante cumbre de serenidad, en la novela y en la vida real, Rafael-Marcelo pasan por un largo proceso que incluye terminar todo lo empezado antes de irse de este mundo. Meta que no es pequeña. 

¿Quién que muera no deja asuntos inconclusos? Rafael cobra por ventanilla el privilegio de su decisión: de no tener que hacer cuentas con las semanas de la pensión ni luchar más con el sistema de salud, ni con la hipoteca, ni con los impuestos, ni con los pagos a 90 días. 

Por eso, los dos últimos años de su vida les parecen a sus amigos inexplicablemente mágicos; porque llevaba una determinación y un derrotero ya inalterables: vigilar las reediciones de sus primeros libros y publicar “La Guerra Perdida del Indio Lorenzo”, su último libro, en donde regresa al género histórico alrededor del conflicto de Panamá. 

Es cuando le contesta a un periodista que le pregunta sobre su próxima novela: “yo creo que me estoy repitiendo. Me parece que aquí planto”. 

Unos meses después de esa respuesta, revisa y aprueba los originales de la transcripción a novela gráfica de “Tanta sangre vista” y muere en su casa, rodeado de quienes le aman, el 14 de diciembre de 2015.

“Ningún tema ni ningún personaje acudieron en mi auxilio para sacarme del marasmo en que se convierte la profesión de periodista tras varios lustros de borronear cuartillas en un vano intento de ordenar el caos del día a día”, escribió Rafael acerca de sus veintipico de años de silencio, anhelando escribir pero sin voz, o habiendo encontrado la voz, pero sin tema. 

Tal vez Rafa, que se ganaba la vida tomando fotos y haciendo crónicas, es decir, contando cosas, gastó buena parte de su tiempo esperando a que le sucediera algo importante a él para contarlo literariamente. Y sin darse cuenta tenía los temas ante sus ojos. 

Y a la señora Muerte, que permea este último libro de “Memoria de Derrotas” y lo convierte en un reto moral, ético, legal, político, filosófico. Un libro como un prisma, de muchas caras, pero sobre todo atravesado por la discusión de la eutanasia, la inmoralidad del sistema de salud, la pacatería de una sociedad católica que se atreve a consagrar constitucionalmente el derecho a morir con dignidad, pero no es capaz de reglamentarlo para hacerlo practicable. Aquí su voz:

“Es nada más un pensamiento, pero su eco rebota en las paredes de la cocina mientras prepara la cafetera: muerte muerte muerte muerte. ¡Coño, qué temita! No es que tenga miedo a la idea, pero tanta reiteración le aburre hasta el cansancio. 

“A lo mejor su obsesión con el tema de la señora Muerte no lo sea tanto. Quizá lo que le ocurre en el fondo es que pretende familiarizarse con ella por si acaso a la hora de la verdad le faltase el empuje suficiente para poner punto final a su existencia de una manera racional.

“Pensar y actuar, para bien y para mal, con la parca siempre como referente, lo conduce a adaptar la realidad para convertir a la insigne guadañadora en protagonista principal de su cotidiano, en el rasero con el que analiza y mide su vida hasta sentir que está apenas a milímetros, a segundos de patear el balde y convertirse en polvo de estrellas”. 

Alguna vez siempre es la última. Buen viaje, forever, querido amigo.



08 octubre 2018

La misión inconfesada de la educación es mantener a la gente igual: Claudio Naranjo

El miércoles 10 de octubre es la hora cero. 32 universidades y sus miles de estudiantes, docentes y rectores iniciaran un paro nacional estudiantil. 

La movilización no es cualquier protesta. Tampoco ocurrirá solo en Colombia. Desde Argentina hasta México, a la educación pública la están desapareciendo.  


El II Encuentro Encuentro Nacional de estudiantes universitarios que se realizó entre el 14/16 de septiembre en Florencia, Caqueta, acordó realizar una movilización nacional pidiendo se solucione de manera inmediata y definitiva la financiación para mantener la educación superior pública en Colombia.  

"La movilización permanente para defender la educación superior se aprobó en la Asamblea General de la Universidad Nacional de Colombia. 

Con lleno total del auditorio León de Greiff se ratificó el 10 de octubre como hora cero del paro nacional después de cuatro horas de debate y todo un proceso de discusión desde cada una de las facultades que se realizó en las pasadas semanas

Cabe destacar que este proceso de debate interno se adelantó con éxito en las 32 universidades públicas y las 28 instituciones universitarias, tecnológicas y técnicas públicas".

Conozcan las razones, miles de veces explicadas, sustentadas y repetidas desde hace lo menos 15 AÑOS en el país.

No hay un proyecto real del Estado en educación




Nos hemos mejorado un punto de inversión en los últimos 20 años   




"Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su país nadie va a venir a salvarselo ¡NADIE!". 



La educación no se vende, se defiende



¡Porque pública la recibimos, pública la devolvemos!



La misión inconfesada de la educación es mantener a la gente igual, afirma Claudio Naranjo  



¿Quién es Usted? Soy estudiante




Todos somos pilos, pilos somos todos y nos solamente 40 mil




La autonomía se debilita, pero la unidad avanza




"Ser pilo paga" desfinancia la educación pública



Con la financiación de la educación ¡no se juega!




La privatización de la universidad pública es real






¿Por que las universidades públicas están en paro en Colombia?



¿Por qué las universidades públicas están sin fondos?




Con plastilina nos explican como es la desfinanciación  



¿Es cierto que las universidades públicas joden por joder? 






"El 2 de octubre, congresistas, rectores y representantes estudiantiles le presentaron al ministro de Hacienda cuatro propuestas para solucionar el desfinanciamiento. 

La primera es que parte del presupuesto de seguridad y defensa pase a educación. 

La segunda se basa en acabar con Ser Pilo Paga y destinar los $2 billones que se invierten en el proyecto a las universidades públicas.

La tercera consta de que los recursos previstos para el otorgamiento de créditos a través del Icetex, se tomen $423.000 millones y se le sumen al presupuesto de la universidad pública. 

Y, la última, es que se le inyecten $289.836 millones al Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena)". (El Espectador).



28 septiembre 2018

¿Cuántos porros se arman con 20 gramos de marihuana?



Así como ocurre con el café, el tabaco y el whisky, los consumidores de marihuana deberíamos tener la posibilidad de conocer la calidad, variedades y origen del  producto en lugar de que se sigan inventando decretos para penalizar el consumo. Eso es prevención y salud pública, lo demás es más de lo mismo que no ha servido.

¿Cuántos porros se arman con 20 gramos de marihuana? 

Pregunté hace cuatro años atrás impulsada por la necesidad de conocer, claramente, las reglas que la Constitución me señala como consumidora.

No encontré la respuesta entre otros consumidores, tampoco en el policía con el que conversé, casualmente, mientras desviaba el tráfico en la calle 12 con carrera 7 en Bogotá esperando el arribo de un numeroso grupo de marihuaneros que iban camino a la Plaza de Bolívar. 

Entre sorprendido e incrédulo el hombre me mira, ríe entre dientes y guarda silencio. No daba crédito a mi pregunta. Insistí. En serio, agente, explíqueme: ¿Cómo sabe usted al ojímetro cuantos son 20 gramos de hierba?

Finalmente, y de buen agrado, acepta mi conversación que no entrevista y muy seguro me dice: pues mire, 20 gramos de marihuana es esto, mostrándome las dos primeras falanges de su dedo índice. 

¡¿Qué?! ¿En serio? ¿Qué medida es esa? Y, otra vez, me enseña la "cantidad" con su índice derecho. Noooooo agente, exclamé entre risas. Usted no se imagina la mano de líos que  va tener. En cambio yo si se, perfectamente, que cantidad son 20 gramos.

La respuesta no hizo más que confirmar lo que mi intuición me llevó a indagar: la policía en la calle no tiene la menor idea qué son 20 gramos de marihuana. Y lo que es peor: muchísimos consumidores tampoco. ¿Y, si eso es así, cómo carajos es que están controlando el porte permitido?


Mientras llegó la protesta y con esta la inesperada foto, conversamos sobre el tema. 

Le enumeré algunos de los problemas que tendría -según mis básicos conocimientos constitucionales-, por detener a alguien sin conocer qué cantidad eran 20 gramos de marihuana

Sería la primera en meterlo en en problemas, le dije.

Pese a la evidente comprobación el agente intentó convencerme de que la institución los capacitaba cada vez que salía un nuevo decreto o ley para aplicarla.  

La marcha tenía como propósito festejar que Uruguay había legalizado la producción y la venta de marihuana, también, soñar. Este podría ser nuestro camino, o que por lo menos se legislara sobre la cannabis medicinal como en efecto ocurrió tres años después. 

En julio de 2016 Colombia se convertiría en el cuarto país de Latinoamérica en legalizar la marihuana para uso medicinal y científico, de manera segura e  informada, mediante la Ley 1787. El Senador Juan Manuel Galán ponía al país a avanzar en serio.  

Sin embargo, los intentos (fallidos) por penalizar y eliminar derechos constitucionales adquiridos no han cesado. Son conocidas las tentativas contra esta legislación, el aborto y la eutanasia del destituido corrupto Alejandro Ordoñez, Procurador General.

Aunque la conversación con el agente ocurrió un día después (Dic/2013) de que Uruguay se convirtiera “en la primera nación del mundo en regular la producción, venta y consumo de la marihuana”, repetí la misma pregunta a otro policía esta semana. Tampoco sabía la respuesta.  

¡Ojo! Portar 20,01 gramos de cannabis lo convierten en narcotraficante 

Es claro, hasta ahora, que no se puede portar más de 20 gramos de marihuana (que es distinto al consumo mínimo). También, la taxativa prohibición de fumar mota en espacios públicos. Muchísimo menos, promover o facilitar el consumo de niños y adolescentes menores de edad. 

Pero, llevar un moño de más del porte permitido de 20 gramos, esto es, 20,01 según lo establece-ría el anunciado y enmarañado decreto presidencial de Iván Duque, no solo implicará su decomiso, sino que esto nos convertirá, de manera automática, en narcotraficantes.

Las 22 consideraciones presentadas de manera desordenada en el decreto por sancionarse le dan sustento a los cuatro artículos, igualmente confusos y enredados, que autoriza a la policía a requisas bajo sospecha y al decomiso arbitrario.  

Y aunque la dosis para uso personal según lo dispuesto por la Corte Constitucional en su  Sentencia C-221 de 1994 Ley 30 de 1986, “es la cantidad de estupefacientes que una persona porta o conserva para su propio consumo”, el riesgo para los consumidores sigue siendo el mismo antes y después del anunciado decreto.

¿Cómo lidiar con la ignorancia de unos y de otros sobre las reglas del acuerdo social y los límites que señala la Constitución? 






Así como es absurdo que sea legal portar 20 gramos de marihuana, pero ilegal si te pillan comprando, ¿cómo distingue un policía entre un consumidor, un jíbaro y un distribuidor si no diferencia que un solo porro (por más robusto que se haga) no son 20 gramos?

¿Será que en adelante la policía portará una báscula de precisión para pesar la mota cada vez que sospeche que una persona lleva algo más que lo que está permitido portar para confiscarla? 

No porte 20 gramos y tampoco fume en la calle: no de papaya 

En Colombia hay 1.5 millones de personas entre 12 y 65 años que consumen cannabis al año y 1.1 millones al mes, según me informa Julián Quintero, director de la Corporación Acción Técnica Social ATS, entidad con Estatus consultivo especial del Consejo Económico y Social de la ONU ECOSOC.

Según el reciente Informe Anual Global Drug Survey 2018 publicado en el portal de ATS, el mayor número de consumidores en Colombia –"un 43% de los encuestados– desean consumir menos cannabis en el 2019 y un 28% dice que piensa buscar ayuda para lograrlo".

Para el empresario David Jiménez, distribuidor del banco de semillas europeo Sweet Seedsla clave de ser un marihuanero saludable y sin líos es el consumo responsable: un asunto que tiene que ver con el momento, el tiempo y el lugar. 

Es mejor sembrar, que portar. Si sabe lo que siembra, sabe lo que fuma. Hay que valorar todos los beneficios de salud, financieros y de seguridad, sostiene Jiménez.



Lo que en última propone Jimenez es lo mismo que el 1er. Presidente de los EEUU, George Washington, hizo en 1765: plantó y cosechó, personalmente, el cáñamo.

Así consta en su diario personal: “12 y 13 de mayo. He plantado cáñamo en la hondonada cenagosa cerca al pantano. 7 de agosto. He comenzado a separar el cáñamo masculino del femenino en aquel lugar –quizás demasiado tarde”. (The Book of Grass. An Antohology of Indian Hemp. Peter Owen 1967. Londres. Editorial Anagrama, traducida al español 1977). 

La política de legalización para uso recreativo ha dado resultados importantes en la reducción de las detenciones y el aumento del empleo en los EEUU, según reveló la directora de Drug Policy Alliance en EEUU Hannah Hetzer.

En este sentido, mientras la funcionaria considera que "Colombia tendría que avanzar en la despenalización a las personas que consumen", el presidente Iván Duque inventa una política desde un decreto para perseguir y reprimir a los consumidores.

Según explicó Hetzer a la Revista Semana, la política de legalización del uso recreativo de cannabis en EEUU generó en los últimos cuatro años entre 165.000 y 230.000 empleos legales y una “reducción importante en el número de capturas por consumo y uso de marihuana”. 

“Llevamos casi un siglo con estas y no hemos visto una baja en el consumo, la producción, o el cultivo. Además, han tenido una serie de consecuencias nefastas como la violencia que producen los mercados ilícitos, homicidios y corrupción.

La creación de políticas como la aspersión aérea y el uso del glifosato [que retomará Duque], han dañado el ambiente, a las comunidades y sus tradiciones en varios países”.

Plaza de Bolívar - Concentración en defensa de los 20 gramos
Volvamos a los 20 benditos gramos. ¿Habrá cárcel para tanto marihuanero?

“Los jueces no vamos a enviar a la cárcel como delincuentes a consumidores de droga", anunció el presidente de la Sala Penal de la Corte Suprema Luis Antonio Hernández. 

En entrevista con la Revista Semana el Magistrado subrayó qué "legalizar la marihuana solo solucionaría la mitad de los problemas por consumo de drogas".

“El problema no se resuelve estableciendo cuál es la cantidad necesaria que debe tener consigo un consumidor, sino simple y llanamente probar, en el caso concreto, que la droga que se tiene consigo es para tráfico”, precisó el Magistrado Hernández. 

“Si un decreto lograra acabar con el narcotráfico y lograra acabar con el consumo de drogas, eso sería fantástico. Eso sería lo más grande que se hubiera hecho en todos los tiempos”.

Lo que se colige, tanto del proyecto de Ley “para liberar a los niños de las drogas” del Fiscal General abogado Néstor Martínez Niera, como del decreto de Duque, es que los dos tienen severos (¿y convenientes?) problemas para distinguir entre un consumidor, un jíbaro y un distribuidor de “sustancias psicoactivas ilícitas”.

¿Qué hacer con semejante "tremenda confusión" en manos de agentes de policía y sus conocidas "manías" de los falsos positivos? ¿Cuántos porros plantaran en las mochilas para negociar la apetitosa multa de $208.000 sobre cualquier cantidad que se porte?

Es vox populi que todas las políticas de prohibición en el planeta han fracasado. Sin embargo, los gobernantes de turno en Colombia, persisten en "darse por la cabeza" y no propiamente con un bareto. ¿Por qué?

“La marihuana es la sustancia ilegal más consumida en el mundo y es evidente que el cambio de legislación global ha generado un contexto diferente para el consumo, así como ha aumentado la curiosidad por consumirla, también ha aumentado la capacidad de regulación y de reducir los efectos dañinos de su consumo". (UNODC).

"El conocimiento sobre los daños derivados de la potencia y la vía de administración ha permitido que la vaporización gane cada vez  más espacio y cada día se fume menos hierba y el CO2 que este produce”, sostiene la Corporación ATS.

Está más que comprobado. No será por vía de la confiscación, las multas y la represión a los usuarios como se controlará el consumo de marihuana y drogas como la cocaína entre los niños y adolescentes menores de edad. 

Alguna vez, cuando al fin comprendan lo rentable y buen negocio que es es la prevención, esta se pondrá de moda y se solucionarán muchos o casi todos los problemas que en salud pública tenemos en Colombia.  

Y, al fin, ¿Cuántos porros son 20 gramos de marihuana?

Sí son del tamaño y grosor de como yo los armo (ver fotos), serían 20 cigarros. Pero, si los suyos son más robustos y le quedan mejor armados, podrían ser varios menos. El consumidor debe ser responsable de reconocer la cantidad.

Un porro no son 20 gramos. Tampoco la cantidad que estime al ojimetro un agente. 

El derecho a portar esa cantidad está protegido por la Constitución y la Ley. El conocimiento de los derechos y deberes en todo ámbito de la vida es el mejor escudo ante cualquier posible arbitrariedad. 

¿Hasta cuando continuarán las perdidas humanas y el gasto inútil de recursos aplazando la indefectible legalización de la hoja de coca y la cannabis?



Autora, entrevistas y fotos: Gloria Ortega Pérez @Bunkerglo
Edición de video: Carmenza Castillo.

26 septiembre 2018

"A otro perro con ese hueso", le dice periodista Gonzalo Guillen al abogado Martínez Neira

Nota. Previendo lo que en efecto ocurrió ayer en la mañana, Sentipensantes, con un manifiesto sentido solidario y de preservar el derecho a la información por parte de la ciudadanía, reprodujo de manera íntegra e integral el artículo del periodista Gonzalo Guillén titulado: "Fiscal General de Colombia oculta bienes y fondos en España con una empresa de fachada panameña de su propiedad". publicado en el medio virtual La Nueva Prensa. Sin embargo, el bloqueo malintencionado contra este medio digital consiguió sacarlo de la Web desde las 10:30 am y por más de 8 horas. En consonancia con lo ocurrido ayer, reproduzco la carta que el periodista Gonzalo Guillén publica hoy en respuesta a la que el abogado le dirigió ayer y que titula "Mi respuesta al abogado Néstor Humberto Martínez", publicada en La Nueva Prensa.



         "Néstor Humberto Martínez Neira, el abogado del Grupo Aval que hoy ocupa transitoriamente la Fiscalía General de Colombia, no es el primer burócrata mañoso que intenta amedrentarme y confundirme.
Este martes, 25 de septiembre, publiqué en www.lanuevaprensa.com.co y en www.hispanopost.com una investigación sobre bienes y fondos en España que él esconde de las autoridades tributarias colombianas (ver aquí oaquí).
         Forzado por la opinión pública internacional, Martínez Neira me envió una carta con papel membrete de la Fiscalía General de la Nación para referirse a asuntos estrictamente personales de él. No sé qué delito sea ese, pero es un abuso de autoridad, por lo menos.
         Punto por Punto, respondo aquí esa carta, cundida de falacias, mentiras y calumnias:
1.“Lamento que el director de comunicaciones de esta entidad no hubiese informado el día de ayer sobre su solicitud [la mía] que habría atendido inmediatamente”. Se refiere el fiscal a un mensaje que le envié yo con cinco preguntas para que, si a bien lo tuviera, las respondiera, pero no lo hizo. Son estas cinco:
I:Qué relación tiene usted con la firma Amanda Advisors S.A, inscrita en Panamá y registrada luego en España? II.¿Usted o su núcleo familiar han utilizado servicios de la firma panameña de abogados Rosas & Rosas? III.¿En la declaración jurada de bienes y rentas que debió presentar usted al asumir la Fiscalía General de la Nación incluyó bienes y sociedades en el extranjero de las que sea dueño, socio o beneficiario real? IV)¿Los bienes que posee Amanda Advisors S.A. en España han sido reportados a las autoridades tributarias colombianas? V)¿De dónde procedieron los dineros utilizados por Amanda Advisors S.A. con los que fue adquirido el cuarto piso, puerta izquierda, del edificio situado en el número 17 de la calle Ortega y Gasset, de Madrid, España, y de dónde los que se utilizan para cubrir los gastos inherentes a la propiedad y el uso de ese inmueble?
2. “El Fiscal General no tiene bienes ocultos. Nadie que quiera ocultar una inversión escoge España; allí no se puede esconder la titularidad de un inmueble. Según la Ley, en todos los casos se debe identificar el beneficiario real correspondiente, quien para este caso es ’...DON NÉSTOR HUMBERTO MARTÍNEZ NEIRA’, de nacionalidad colombiana, con pasaporte de su nacionalidad número PO048859, como reza en la documentación del año 2014 que obra en poder de las autoridades competentes”.
Mi respuesta: Miente, señor Martínez. El que esconde bienes es usted, no el Fiscal General. No use el cargo de Fiscal General de la Nación para dirimir un asunto personal. Eso es un delito. Su apartamento en Madrid de Ortega y Gasset, piso 4 puerta izquierda, es propiedad de la firma panameña de papel Amanda Advisor S.A., como está probado hasta la saciedad en mi investigación, con la documentación oficial del caso que exhibo y poseo.
3. “También es falso que el suscrito posea sociedades en el extranjero con acciones al portador. De paso, el autor del artículo debería conocer que las mismas están prohibidas en Panamá al tenor de la ley 47 de 2013”.
Mi respuesta: Miente y trata de confundir, señor abogado particular del Grupo Aval Martínez Neira. En todos los registros oficiales de Panamá, incluida la escritura inscrita en la Notaría Décima del Circuito de Panamá, consta que su empresa de fachada Amanda Advisors S.A. tiene 10 mil acciones al portador de un dólar cada una. Está documentado en mi investigación e inscrito oficialmente en Panamá y España. Si en 2013 se prohibió en Panamá que haya empresas con acciones al portador, recordemos que la suya fue creada en octubre de 2007. A mí no me confunde.
4. “También es falso que el suscrito posea fondos en España”.
Mi respuesta: miente, señor abogado Martínez con innumerables intereses particulares –derivados de su práctica profesional– en casos que lleva en la Fiscalía General. Su empresa panameña de pantalla Amanda Advisors SA, posee cuentas bancarias en España desde las cuales cubre los gastos inherentes a la propiedad y el uso de su apartamento de la calle Ortega y Gasset, el que esconde de las autoridades tributarias colombianas.
5. “En relación con nuestro patrimonio, forjado por el ejercicio profesional de muchos años, el suscrito y su núcleo familiar cumplimos cabalmente con las disposiciones tributarias de Colombia”.
Mi respuesta: No sé, ni me interesa saber, de dónde salen sus recursos. Lo que sí sé es que su apartamento, inscrito en Madrid a nombre de Amanda Advisors SA, no está reportado en Colombia y Amanda Advisors SA, tampoco. Si yo miento, exhiba la declaración de bienes y rentas que debió presentar cuando fue “superministro” de Juan Manuel Santos y la que debió presentar –a menos que haya violado la ley– cuando asumió la Fiscalía General de la Nación. En cuanto se refiere a la primera, puedo decir sin temor a equivocarme que usted no la presentó. Éxhíbalas.
        6. “No conozco ni he sido cliente de la firma Rosas & Rosas”.
Mi respuesta: a otro perro con ese hueso, señor abogado. Esa firma suya la creó e inscribió en el paraíso fiscal de Panamá Rosas & Rosas, ¿Cómo puede no tener usted nada que ver con esa firma panameña –especializada, por lo demás, como es universalmente conocido, en lavar dineros negros de Odebrecht,– si fue ella la que creó su compañía de papel Amanda Advisors S.A., de su propiedad?
7. “Como Fiscal General de la Nación no cederé en el empeño de develar la corrupción que carcome al país. No me detendrá ninguna forma de conspiración: ni las “chuzadas”, ni las llamadas intimidatorias, ni las publicaciones patrocinadas en Colombia o en el exterior, ni los seguimientos personales –como ocurrió recientemente en España–”.
        Mi respuesta: aunque no es el tema de mi investigación, aprovecho para apuntarle que su empeño contra la corrupción es, a mi modo de ver, mediocre, selectivo, escandaloso y amarillista. Por ejemplo, no hay un solo preso del Grupo Aval en el caso de los escandalosos chanchullos de Odebrecht, en los que usted es mencionado, dicho sea de paso, pero encarcela y judicializa, generalmente sin pruebas, a todo el que se lo recuerda. El último caso es el de mi querida y admirada colega María Jimena Duzán, con quien me hago totalmente solidario en lo que ha dicho de usted. Su sugerencia mentirosa y calumniosa de que yo lo haya “chuzado”, llamado a intimidarlo o que mi publicación sea patrocinada, es fruto de su mente torcida, como de tinterillo. El ladrón juzga por su condición. Lo reto a que me enjuicie. Usted no es el primer burócrata mañoso que intenta amedrentarme. Denúncieme.
7. “En cumplimiento de la Constitución y la Ley le solicito difundir integralmente en su portal esta repuesta”.
Mi respuesta: Queda difundida aquí. Lo que, como verá, señor Martínez, no quiere decir que comparta los términos de ella ni que usted desmienta ni que yo rectifique una sola palabra de mi investigación.
8. “NÉSTOR HUMBERTO ARTÍNEZ NEIRA, Fiscal General de la Nación”.
Mi respuesta: es, lamentablemente para Colombia, lo único cierto de su carta. Quiero deplorar que usted no entiende que no es la Fiscalía General de la Nación sino el empleado público que ocupa la dirección de esa entidad por cuatro años, de los cuales ya lleva dos. Y en este caso, que se ocupa de asuntos personales y particulares, es un abuso que utilice el cargo y los recursos de la entidad para hacer este tipo de respuestas.
Continuaré publicando mi serie de investigación sobre la corrupción y el imperio del terror que carcome a la Fiscalía General de la Nación desde su propia cabeza. Y me ocuparé de los apartamentos de París y Nueva York. Es mi trabajo".