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15 octubre 2012

No quiero más planes de guerra para conseguir la paz

La Muerte - Escena de la obra musical María Barilla - Foto by Bunkerglo Octubre 2012 
                                                                                    Dedicado a Nicolás y Juan José

He tratado de comprender por qué las mujeres por la paz, los estudiantes, los familiares de víctimas del secuestro de las Farc y la criminalidad de las AUC no se sienten representados en la Comisión de diálogo del gobierno de Juan Manuel Santos. Tampoco los indígenas, los campesinos, los trabajadores, la Marcha Patriótica, distintos movimientos sociales y sectores alternativos. Entiendo, eso sí, que el PDA se quiera lucir oponiéndose, solo un poco, al presidente Santos, pues ese es su papel como único partido de oposición. 

Pero, aunque estos sectores y organizaciones no se sientan representados, tampoco se han opuesto –por lo menos no abierta y públicamente- a que el Estado a través del actual gobierno intente –una vez más- parar la criminalidad de las Farc. El único que se opone y lo expresa todos los días todo el tiempo es Álvaro Uribe.

Pienso que los intentos anteriores no dieron resultados positivos por la combinación de dos asuntos. Uno, que no había una genuina voluntad humana de unos y otros para acabar con el buen negocio de la guerra (que Santos quiere convertir en un mal negocio); dos, que esto facilitó siempre que esos intentos fueran saboteados fácilmente por la extrema izquierda y por la extrema derecha. La posibilidad de deshacer el conflicto armado siempre ha sido utilizado como un arma de poder y dominación de todos.

Es muy fácil opinar, intelectualizar y hablar de la paz o de la guerra desde nuestros cómodos pupitres, lejos de los lugares de la contienda del conflicto y el discurso de las balas, las metrallas, las pipetas de gas, las minas antipersonal y las bombas.

Es muy fácil decir en ciudades como Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cali y hasta Bucaramanga que se está o no en contra de la idea de que gobierno y Farc se sienten a con-versar para desactivar el conflicto armado (que es distinto de un proceso o la paz misma). 

Indígenas, afro descendientes y campesinos son los que siempre han llevado del bulto en la historia de esta república bananera. Ellos son los que han puesto los muertos. En las filas del ejército de “la patria” y en las filas del ejército de las Farc. Ni hablar de la siniestra y desalmada criminalidad del paramilitarismo de las AUC.

Miles de viudas, de huérfanos, de viejos solos, de niños abandonados a su suerte en caseríos, pueblos y municipios son quienes han padecido la intensidad y el rigor de la barbarie demencial y persistente de esta cruel y absurda guerra.

Los más pobres se han empobrecido más pero además sufren ya no sólo de hambre sino por un duelo sin resolver. Pero una cosa es que se desactive el conflicto armado con las Farc y otra que haya paz.  

Paz es desarrollo. Paz es inclusión. Paz es igualdad. Paz es calidad de vida. Paz es trabajo. Paz es seguridad. Paz es democratizar la tierra. Paz es redistribución justa del bien-estar. Paz es garantía de vida. Paz es felicidad. Paz son niños felices.

El conflicto armado interno tiene a más de 800 mil familias en situación de desplazamiento forzado interno (no son desplazados sino personas en situación de). Los más vulnerables, ancianos, mujeres, niñas y niños deambulan con su miseria a cuestas. 

Son estos racimos humanos vestidos de cartulina que esperan una limosna en los semáforos del norte de Bogotá, a la salida de los supermercados o atascados en la terminal de transporte. Viviendo una indignidad inmerecida y paupérrima cuando lo menos que tenían era una gallina, una vaca, un potrero, pero sobre todo una tradición e historia de vida en su territorio.

El camino emprendido en este definitivo intento es difícil y está minado de incredulidad e incertidumbre, pues en muchos hay una inexplicable fatiga y a más de uno se le acabará el negocio de la guerra después de casi 60 años.

Pero, entre el fin del conflicto armado y la paz hay mucho por recorrer. Su tránsito no será fácil y tomará esta vida y la otra, ya que una cosa será silenciar los fusiles y otra reconciliar los corazones. ¡Qué prueba más definitiva viviremos como nación! Quizás este sea el primer proyecto que en común podríamos construir. Me sumo a los que creen que podría ser. Esta será la vencida.

Nunca he sido ajena a este conflicto y tampoco a su efecto en mi vida de urbanita.  

Como lo suscribí en Razón Pública esta es una oportunidad única e irrepetible. Entiendo la necesidad de discreción y confidencialidad que se espera de los medios sin que ello sea censura. También, la urgente necesidad por que los periodistas asignados a este cubrimiento y todos en general procuren un cambio en el lenguaje de la guerra. Si fracasa este intento, fracasaré yo.

Formo parte de eso que se llama la sociedad civil y me declaro víctima de una generación que tampoco conoce el país sin conflicto armado. No me siento ni discriminada ni excluida como mujer, ni tampoco como periodista si se tratara de  sectores. La Comisión del gobierno que emprenderá este diálogo con la Comisión de las Farc me representa como ciudadana y como una víctima indirecta.

Entiendo que el esquema gubernamental busca, justamente, no repetir errores anteriores. Estoy convencida que hay suficientes análisis, documentos, reflexiones, textos, teorías, libros, perspectivas, teléfonos, e-mail, etc. Es decir, que todo cuanto lleguen a requerir en el momento de concertar los temas de la agenda está disponible. Por eso esta comisión tiene mi respaldo y puede concertar en mi nombre.

La única expectativa que tengo y deseo es que se ponga fin al asesinato que es, al fin de cuentas, lo que significa "fin del conflicto armado". 

Qué no hayan más combates entre ejércitos de colombianos. 
Qué no muera un niño ni una niña más en nombre de ninguna seguridad, de ninguna defensa de la patria y de ninguna revolución. 
Qué las Farc depongan y entreguen las armas y el gobierno las silencie. 
Qué los fusiles todos solo disparen notas como escopetarras. 
Qué los niños sean otra vez niños en los campos, en sus comunidades. 
Qué las mujeres puedan ejercer la maternidad, puedan ser tías, puedan ser abuelas, puedan morir de viejas felices y no de tristeza y sufrimiento. 

Nunca estaremos satisfechos sobre los sapos y sapitos que habrá que tragar. Hay asuntos que no se podrán negociar, pero también es claro que hay que aprender a ceder de lado y lado. Aprender a entender al Otro. Hablar sin insultar. Concertar sin imponer. Anteponer, al fin, el bien común por encima de los intereses personales. Es un gana-gana y no un pierde-pierde.

No firmo un cheque en blanco pero si endoso mi confianza y buena onda en este intento porque quiero que Juan José y Nicólas, mis amados sobrinos de 9 y 3 años junto con todos los niños indígenas, campesinos, afro descendientes, mestizos... los de su edad y los que están por nacer, ser y hacer, tengan un espacio en nuestra basta naturaleza sembrada de valor humano y aceptación del Otro como divisas de una civilidad que se levanta y se impone para ir más allá de la muerte, del sufrimiento y de la desolación. 

Aunque la paz de cada pueblo es tan distinta como su poesía no quiero más planes de guerra para conseguir paz. 

El destino más próximo de los niños y niñas colombianos dependerá de lo que ocurra entre la Ciudad de las Columnas, La Habana (Cuba) y el Prado de los Dioses, Oslo (Noruega).


¡Yo también aplaudo por la paz!




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10 octubre 2012

Nevado del Tolima desde mi ventana

Septiembre 27/2012 Nevado del Toima 6:00 pm. - Desde Mi Ventana - Cabezote de Blog - Foto by Bunkerglo
Es inevitable no hacerlo. Mirar hacia el horizonte buscando descubrir, una vez más, el nevado del Tolima o la fumarola del Ruíz.  

Desde el techo del edificio A  (donde está la Rectoría) de la Universidad Externado de Colombia, divisábamos casi todos los días los conos del Ruíz y del Tolima a las 7 de la madrugada. Un mirador que nos permitía disfrutar del horizonte sur occidente, para ese entonces (1978), de la ya inmensa y creciente Bogotá cuadriculada de cemento y neón.

02 octubre 2012

Resistencia Civil, pero sin civiles

24-0  César López y *Nicólas - Plaza de Bolívar, Bogotá - Colombia

Los periodistas le zumbaban alrededor entretenidos con espejitos y cubos y poses esperando el turno para formular las  tópicas preguntas a las que, una y otra vez, responde con atención y paciencia César López.

Pero era en la inmensa y apenas ocupada Plaza de Bolívar dónde estaban las historias, el contexto y el texto. La gente.

Como si fueran pedazos de azul caídos del cielo, un numeroso y ruidoso grupo de  niños y niñas, entre risas y algarabía, inquietos se acercaron a la tarima 24-0 de Bogotá Más Humana para escuchar los violines de la agrupación de Música de cámara que estaba en el escenario.