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28 abril 2013

Bateman era un personaje como salido de Cien años de Soledad, escribe Rafael Vergara

Jaime Bateman Cayón, comandante máximo del M-19, murió hace 30 años.  (Nació en Santa Marta, abril 23 de 1940 - Panamá, abril 28 de 1983). La avioneta en la que volaba hacia Panamá cayó en el Golfo del Darién. 

Aunque vivía en la clandestinidad, Bateman siempre fue un osado haciéndose visible en cualquier lugar, por lo menos así fue los días previos a su muerte, según reveló pocos meses después el periodista Gabriel García Márquez en "Bateman: un misterio sin final".
 
Era agudo, valiente, inteligente, vivía en un “realismo romántico” como salido de las páginas de 100 años de soledad, le contó Rafael Vergara Navarro a Eduardo Galeano y a su esposa Helena en 1993, cuando el escritor uruguayo visitó al país como jurado del XXXIII Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias. 

Me cuenta Rafa, quien fue amigo y compañero de lucha de Bateman, que recog la cálida y extensa conversación con Galeano y Helena  en un texto que forma parte de un libro inédito y más amplio de sus conversaciones con Galeano en Cartagena y Montevideo.

Sentipensantes tiene el privilegio de publicar, con autorización de su autor, esta conversación.


Pablo, Jaime, El Flaco: ¡Bateman!*

Conversando de Bateman
by Rafael Vergara

Pienso - le dije a Eduardo y Helena- que quien se acerca a él se enciende, como sucede con Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar.

Encendió a Colombia con su propuesta de Paz y Diálogo Nacional desde la guerrilla y rescató un sentido, muy original por cierto, de patria y de esa palabra y conducta mágica: 

¡La dignidad!  

“Dignidad nacional y personal, dos caras de la misma moneda. Más allá de una cualidad moral la dignidad es un criterio político, un arma de la liberación”.

El flaco bebió de esa cantera. Se querían: "Si una causa nos pide el sacrificio de nuestra dignidad -enseñó Omar Torrijos- esa no es una causa justa, esa no es la voz de la patria".

El día que encontré a Eduardo Galeano traía a Pablo encarnado en mi espíritu, y no era para menos. ¡Cuánto  habría disfrutado él con este encuentro!

Mientras les entregaba el único libro póstumo de testimonios sobre  el comandante Pablo -así era su seudónimo-, las preguntas de Helena y Eduardo soltaron mi lengua: un hombre de una  sencillez  y un talante muy especial. Un  ser cósmico, marino, telúrico, con la  historia circulándole por las venas.

Nació donde murió Bolívar, creció en tierra de Mamos y entre los aires y el tiempo de la Sierra Nevada, montaña mágica y depredada, profanada. 

Luchaba como indio por el indio; para él el banano siempre estuvo ligado a la sangre del trabajador castigado por producir y no callar injusticias.

Su juventud se ilustró en este Macondo con ferrocarriles llenos de muertos sin nombre y rebeldes capaces de pelear cien guerras, con miseria y humillación extendida en una zona - como el decía- “donde los perros de los gringos detrás de las rejas comían mejor que la gente”.

Nació en Santa Marta, el primer asentamiento español que sobrevivió y se convirtió en la más antigua ciudad del país. En esta región se hizo líder Jorge Eliecer Gaitán con su célebre debate desenmascarando impunes, cuando la matanza de las bananeras, magistralmente contada en Cien Años de Soledad por García Márquez, que también es de allí, de un pueblito llamado Aracataca.

La vieja Clema, la madre de Pablo, me contó que desde niño leía a Bolívar y recitaba los discursos de Gaitán; no es extraño, pues, que planearan y rescataran la espada del museo y, más que ser un marxista antiburgués, como Gaitán haya entendido el carácter antioligárquico de la lucha democrática colombiana y la urgente necesidad política de encontrar los hilos de una identidad nacional perdida o fracturada.

A principio de la década de los ochenta, caminando por las calles de Coyoacán, Ciudad de México, me contó con indignación que había visto a un gringo comprando la espada del coronel Aureliano Buendía, años después de su muerte.

Imaginación o realidad, ya nunca lo sabremos. Lo que sí se es que a partir de su vivencia en la zona bananera, adquirió un profundo sentido de patria colombiana y latinoamericana.


Este guerrillero del tamaño de una puerta, narigón y con afro, frente a los extremismos reaganeano-socialburocráticos, con  audacia, desde la izquierda y con las armas en la mano, planteó construir y copar el centro político. Fabricar un ring y unas reglas de juego propias, democráticas, concertadas, con un solo límite: la dignidad del Otro.

Su nacionalismo le permitía proponer, mas allá del conflicto este-oeste y de los combates y tiros, salidas que impidieran la extensión e incremento de esta fiebre que nos quema por dentro posibilidades y tiempos.

Bateman se nos va en 1983, sin embargo la nueva Constitución y la Asamblea Constituyente de 1991, están íntimamente ligadas a sus sueños de guerrero de la paz y político concertador de intereses diversos.

Todo arranca en 1980, a raíz de la toma de la embajada de República Dominicana. El loco de  El Flaco en su primera aparición pública le dice al mundo y a la oligarquía que la solución para dejar en libertad a los más de 20 embajadores retenidos  por el M-19, incluido  el gringo, es la de reunirse  en Panamá. Debajo de un palo de almendro ponerse de acuerdo, todos ricos y pobres: curas, políticos, banqueros, trabajadores, comunales, gremios y sindicatos, generales y guerrilleros y, como colombianos, hacer un sancocho nacional de necesidades y posiciones para ponernos de acuerdo en una salida negociada, donde todos quedemos contentos.

Nadie fue a Panamá salvo él y dos comandantes fugados de la cárcel de máxima seguridad: Iván Marino Ospina y el Cholo Helmer Marín. A partir de allí en este país del Sagrado Corazón de Jesús, comenzó a hablarse de Diálogo, Negociación y Paz.

¡Hablemos, coño! ¡Dialogar dignifica! Siguió gritando entre los tiros de su pequeño "ejército" de heterodoxos bolivaristas y bolivarianos del país.

Eso es este país. 

Cuando en medio de la muerte repartida por doquier no se visualizaban soluciones, un guerrillero colombiano sorprendió a todo el mundo con esa propuesta de paz en una América Latina incendiada por las injusticias, luchas intestinas, golpes militares y las disputas internacionales por territorios y conciencias. 

Este cambio golpeó el plan estratégico gringo, dueño del concepto de democracia y empeñado en la descalificación de la lucha insurgente.  En suma, imponer la solución militar y la abyección de los gobiernos a sus propósitos.

Y, duele que en estos países sin memoria que a la gente se le haya olvidado esto. Sobrevive la historia oficial: Contadora, el presidente, los gobiernos, pero los que de verdad visualizaron y sentaron las bases, borrados.

En fin, él se ganó en este país y en el continente el derecho a que se le recuerde, como enseñó el gran General de la Dignidad Latinoamericana, Omar Torrijos: "El que siembra cariño recoge cariño".

Yo no quiero entrar a la historia, quiero entrar al Canal.

Bueno Eduardo, cambiemos de tema, cuéntame del plebiscito en Uruguay...

¡No!, espera Rafael, exclama Helena, seguí contándonos de Bateman, ¿cómo era su temperamento?

Alegre y nostálgico como buen caribeño. Tocable y descomplicadísimo, no se enredaba, no creía en maximalismos ni funcionaba con la lógica de yo el bueno y los demás los malos.

Era apasionado y muy libre de la cabeza. No creía en dogmas ni ideologismos. Había asimilado muy bien esa frase de Simón Rodríguez: "Inventamos o nos jodemos".

Entendió que la principal virtud pública en un país de intolerantes es ser tolerante y ajeno a toda soberbia.                            
Y que des-dogmatizar permite derrotar odios y desconfianzas heredadas, acercando extremos y desarrollando intereses comunes.

Así como en una época desató los escándalos por hablar de un socialismo a la colombiana y criticar duramente la ineficiencia de la guerrilla y sus símbolos; ¡figúrense!, en una entrevista llegó a decir que no aceptaba la dictadura del proletariado, que "la Internacional" era un himno pasado de moda y que la revolución había que hacerla con cumbias y jolgorio, porque la revolución es una fiesta...

Era tan agudo y valiente que ante el álgido debate de la época entre capitalismo y socialismo, levantaba la bandera de la democracia en armas y ostentaba con orgullo el título de reformista, lanzado en su contra con tono de insulto amenazante: "primero consigamos la democracia y después hablemos de otras vainas".

Y la gente no creía; no, que eso es táctico, que el EME está metiendo caña, que son comunistas, y nada;  para él la democracia es un medio y un fin.

Llegó a plantear que el programa del M-19 fuera la Declaración de Derechos Humanos de la ONU y a decir abiertamente que, por supuesto, nosotros estábamos a favor de la propiedad privada, pero para todos.

Lo increíble es que, en muy corto tiempo y desde la clandestinidad, se convirtió en el principal interlocutor del gobierno y la oligarquía. Salía en los periódicos y la TV permanentemente y más de una periodista soñaba con ser "secuestrada" para entrevistarlo y de paso rumbeárselo. Y él dejarse.

Era el personaje más buscado de Colombia y a su vez el más cotidiano. Hablaba con todo el mundo y pese a su poca común estatura que lo hacía identificable, se movía como Pedro por su casa.

Él decía que lo protegía "la Cadena de los Afectos", su convicción de que si uno se esconde mucho lo encuentran.

En una extensa y valiosa entrevista Alfredo Molano, le pregunta: flaco, ¿no le da miedo verlo a media cuadra de los militares? ¿No le impresiona la ironía que significa encontrarnos a tan corta distancia de los hombres que lo buscan?

En el cuartel de enfrente marchaban los militares, desfilaban sincrónicos, sonoros, con redoble de banda de guerra y actitud ceremonial.

-"No, hombre, ¡qué va! No me da miedo. ¿Acaso no sabes que para ellos yo soy invisible? ¿O para que crees que sirve la cadena mental?"

Frente a tal respuesta, Molano riposta: flaco, ¿Cuando grande o cuando chiquito?

"¡Ahora!,  contesta,  no ve que mi mamá es gnóstica y el comité ejecutivo de ellos o como se llame su dirección  en Santa Marta, nos hacen "cadena de afectos" y eso le impide al enemigo que me vea y puedan hacerme daño".

¿En serio cree en eso? -explícate-, insiste Molano.

"Mira, Alfredo, es sencillo: “Si una persona es absolutamente sentida, constantemente querida, y si en ella se dan cita cantidad de afectos fuertes, el afecto de la madre, de la hermana, de la amante, el calor de los amigos.

Esa cadena de afectos te defiende del peligro, te protege de la muerte, te vuelve casi inmortal, o por lo menos impide el que lo maten a uno así no más. El amor es certeza: ¡La Certeza de la Vida!”.

Aunque parezca mentira, esa entrevista es clave para entender muchas vainas en el M-19 y lo que pasó después con la dejación de las armas y posterior dolorosa disolución de la organización. Lo que inició la orfandad.

Todos nos apropiamos de ese credo, fue como agua fresca, un escudo, una certeza frente a las incertidumbres de una lucha clandestina, donde la muerte es realidad y posibilidad cotidiana.

La famosa cadena de los afectos cambió la mentalidad de la militancia y la dinámica de las relaciones interpersonales: humanizó y es el fuerte ingrediente ético que nos diferenció de las otras fuerzas insurgentes.

Fortaleció la mística en las acciones, la convicción y la unidad del grupo. Cuando les cuente lo que pasó después de la muerte de Pizarro, - el despelote continuado- volveremos a hablar del amor como sustancia de la lucha revolucionaria y de los efectos trágicos de la ruptura de la "cadena de afectos".

A Bateman, de verdad, no le conocí mezquindad: buscaba un acuerdo no para solucionarle un problema de reinserción a un grupo de guerrilleros, -que es a lo que han querido reducir el proceso de paz en Colombia- sino resolver el problema del país, avanzar en la construcción de la democracia, -como diría emocionado desde el monte-.

"No la carreta formal, esa  palabrita pendeja: "¡La Democracia!, no joda, quiere decir  ¡El Poder del Pueblo"! 

Su objetivo fue claro: darle poder al pueblo, no al partido y allí la diferencia con la izquierda tradicional.

Entonces viene lo más hermoso y esencial que es la ejecución del "Realismo Romántico" que es, a mi modo de sentir, lo que nos permitió ocupar un amplio espacio en el corazón y la conciencia del pueblo y hasta en las preocupaciones y discursos de Reagan.

Ese es el antídoto del pragmatismo hueco de hoy y lo que puede rescatar los liderazgos en esta pérdida paulatina de aceptación popular de las organizaciones como protagonistas del cambio democrático.

Si, exactamente es así. Mucho parte de allí. Hay una interrelación estrecha con el realismo mágico. De hecho, pienso que el Eme y Jaime son personajes salidos de las páginas de Cien Años de Soledad.

A Gabo ese libro le trajo más de una preocupación con los militares, más aún cuando Pablo contó que el único requisito para entrar al Eme era leerlo.

Entre sus restos y los de la accidentada avioneta que los Cunas encontraron nueve meses después, había hojas  contando las andanzas del coronel Aureliano Buendía.

Ellos dos se quisieron y se entendieron mucho. Gabo escribió una crónica bellísima, meses después de su desaparición física, cuando se dio  a conocer el hecho de su muerte misteriosa.

Murió de "enfermedad de avión", como decía Bateman cuando hablaba de su amigo Torrijos, de  Zamora Machael, Jaime Roldós y Ernesto Jovel, dirigente de la revolución salvadoreña.

En esa década del documento de Santa Fé I varios dirigentes revolucionarios se encontraron con montañas que no aparecían en los radares o volaron en pedazos sin que se determinaran las causas. Vainas de la guerra y sus asesinatos políticos.

Paz Zamora fue un sobreviviente de esta extraña enfermedad que algunos imputan a la "compañía".

En el caso de Jaime no sé que  decirte, es un misterio y a su vez una coincidencia porque tres de los "accidentes" referenciados se dieron en Panamá.

Pienso que fue culpa del azar, de una tormenta en la zona o por andar en una avionetica de pedal, pero, con las ganas que le tenían, siempre quedará la duda.

Creía fervientemente en la utopía y de allí el método del realismo romántico que implica, a partir de la realidad  creer en imposibles, en que la historia no es lineal y que algo hay en el alma de la gente y en las situaciones que no es ideologizable ni codificable.

Se trata  que a partir de lo existente: la identidad, la colombianidad, la injusticia, la represión, lo oligárquico; con templanza y sin miedos, atreverse a despolarizar o desidelogizar el conflicto, congelar o matar odios seculares, buscar con grandeza razones para alianzas, precisar el o los enemigos físicos o conceptuales a vencer o disminuir, y concertadamente aproximar  en la negociación el concepto de nación a los de justicia social y democracia y el del derecho al desarrollo al de la redistribución verdadera de los beneficios del crecimiento.

Nosotros aprendimos, gracias a este método que teníamos que volvernos fuertes uniéndonos en un solo propósito y creyendo en la gente, que valía la pena morirse por la paz porque eso contribuía a lo grande: lo estratégico, las soluciones a estos conflictos eternos que nunca terminamos de superar.

Eso es el subdesarrollo: llover eternamente sobre mojado y para esa superación de la tragedia es necesario despertar la pasión del pueblo, su credibilidad en sí mismo.
Es pensar en el  pueblo como sujeto y no como objeto, es actuar con él en su defensa y transformaciones.

La gente común y silvestre necesita además del empleo, felicidad, certezas y derecho a soñar.

Se requiere una cultura de realizaciones, una cultura de la vida en  un lugar donde hemos perdido la capacidad de asombro y donde mueren al año mas de 30 mil colombianos de una enfermedad muy nacional: "la plomonía".

Y donde no hay culpables, sobre todo si los asesinatos son de los grandes líderes, de los guías, de los que despiertan la pasión del pueblo. 

Por eso el discurso de Jaime era directo y sencillo, era un comunicador.

"La paz  -expresaba con vehemencia- es que no se mueran de hambre 30 niños al día; paz es que no se persiga y se mate a los indígenas por luchar por sus tierras y su cultura;  paz es que el obrero, el empleado, el llevado tengan trabajo y salario justo, y que puedas ser del M-19 o comunista o verde  o amarillo y que por no ser rojo o azul te tengas que morir"; Paz es que no se roben los políticos la plata del pueblo y que estos gobiernos tengan dignidad frente a los gringos  y al mundo, que no nos obliguen a sentir vergüenza por ser colombianos.

Y es que para un justiciero como él, negociar  -que en ese tiempo de radicalidad  era un pecado mortal asimilable a traición- significaba aceptar la existencia del otro, reconocer que cada uno defiende su verdad pero que "la verdad" siempre variable, es la suma o negación de alguna de ellas y sobre todo, implica la inclusión y consideración de una que es fundamental y de la que nadie hablaba: El hambre mata y la rebelión existe donde hay injusticia.

Gaitán a la oligarquía le increpaba: "El hambre no es liberal ni conservadora".

Y su voluntad de soñador gigante y la de los hombres y mujeres que lo seguíamos con armas o sin ellas, se transformó en una voz que pesó en un país oligárquico donde no pasaba nada.

Y los autistas comenzaron a oír y los ciegos a ver y desapareció la desesperanza y comenzaron a existir certezas y desquites y sonrisas de complacencia con su irreverencia frente a un poder arrogante y excluyente, e inconmovible.

A tiros de inteligencia y audacia luchó por ponerle una silla al pueblo en la mesa donde se reparten las ganancias y la infamia.

En este caos funcional que se llama Colombia, con su sencillez, la alegría, el coraje y el amor, le dio  en la cabeza a la izquierda esclerótica y a la derecha dogmática.

Por eso los anuncios en la primera página de los periódicos del poder: "Ya viene, contra parásitos y gusanos. ¡Ya viene!  M-19; Cansancio, falta de memoria  ¡Ya Viene! M-19.

Rafael Vergara
Con la ternura del ritmo despacioso y la cadencia de la voz  sabia intervino Eduardo:

"Porque el pasado está vivo, aunque haya sido enterrado por error o por infamia, y porque el divorcio del pasado y el presente es tan jodido como el divorcio del alma y el cuerpo, la conciencia y el acto, la razón y el corazón".

Por supuesto nadie se lo agradeció; en ningún discurso solemne se mencionó su nombre de rebelde victorioso.

Los encorbatados lo siguieron tratando como subversivo en un escenario de paz diseñado y luchado por él, le negaron su puesto o se lo embolataron.

Y en verdad, Eduardo, a Jaime, donde esté, eso le importó un carajo, sabía estar más allá de la importancia personal.

Siempre valoraba el límite de lo posible. Sabía para dónde iba y qué llevaba en el morral.

El Flaco hizo la guerra para conquistar el derecho a la paz y le cantó al amor para derrotar el odio como motivación de la lucha armada y el cambio social.


Confieso que, agradecido con los que luchando trascienden, insistí en motivarlo para que la historia le haga justicia a este latinoamericano que nació para escribir la historia haciéndola".

* Titulo original del texto. Fotos tomadas de la Internet sin autores definidos.

25 abril 2013

No todos somos iguales ante la ley ¡Tremendo drama en la historia de un pueblo!


Ni las armas nos han dado la independencia, ni las leyes nos dan la libertad. Foto by Bunkerglo
El Senado colombiano hundió el matrimonio igualitario en una democracia donde se legisla para sí y, sí y solo sí… Sin embargo, serán los Notarios los que unirán las parejas del mismo sexo ante la incompetencia de los congresistas y mientras la H. Corte Constitucional legisla. ¡Tremendo drama en la historia de un pueblo!

"En Colombia hay dos países: el país político que piensa en sus empleos, en su mecánica y en su poder, y el país nacional que piensa en su trabajo, en su salud, en su cultura, y es desatendido por el país político. El país político tiene rutas diferentes a las del país nacional. ¡Tremendo drama en la historia de un pueblo!".

Eso dijo en los años 40 Jorge Eliecer Gaitán, el “revoltoso”, como lo llamó el profesor norteamericano Herlbert Braun, y desde entonces NADA HA CAMBIADO. Eso es Colombia con la dispuesta y diligente ayuda de sus "legisladores" y su aún indeleble consagración al sagrado corazón de Jesús, aunque no es con él la bronca.

Por un lado va el país nacional, el que salió del closet, el que ya no teme ser señalado pero también, el que no permitirá seguir siendo excluido; el que desafía con su arco iris de luz el sentido cuasi humano de un pedacito de sociedad, amplificada por los medios, y empeñada en no coexistir con la población homosexual.  

Y, por otro lado, adheridos como ladillas, trepando, impidiendo cualquier posible equilibrio entre lo público y lo privado, van las amebas, el país político, sus pre-claros legisladores elegidos por esos millones de personas que nunca votan en el país más feliz del mundo.

Es lo que hay. Lo que son. Lo que somos. Nada debería sorprendernos del espectáculo que ofrecieron a las tribunas, al pueblo, esos que de honorabilidad no tienen nada, pero que tampoco entienden ni saben sobre el matrimonio igualitario.

En cambio, lo que sí resulta inadmisible y tremebundo es el silencio del presidentico de la republiquita, de la ministrica de educación, de la ministrica de la cultura, del directorcito del ICBF (que dicho sea de paso, no había renunciado?)…  ¡Ni qué decir de los babosos “miembros del Partido Liberal o los que se proclaman de izquierda en ese chimbo Congreso y fuera de este!   

¿Por qué nunca dijo nada el sector educativo? ¿Qué declararon y cual es la posición de los rectores universitarios? ¿Qué comunicado emitieron los valientes voceros de las multinacionales de los DDHH? ¿Por qué en la placita de don Simoncito no se enarbolaron banderas ni pancartas de más y todos los sectores sociales? ¿Acaso es que los ellos y las ellas homosexuales habitan otro planeta?

En este circo nacional me siento secuestrada por la insípida y trepadora burocracia, la que gobierna y la que legisla que es casi la misma cosa. Solo algunos le pusieron el pecho y muchos más le sacaron el culo a una de las decisiones trascendentes para una nación democrática (de papel) como la colombiana.

Pocos países hoy en día, quizás en ninguno, -escribió el profesor Braum-, prevalece tan soberana y soberbiamente lo privado por encima de lo público como en Colombia. “Un país que se considera el más moderno de todo y, donde la consecución de la felicidad está inscrita como derecho ciudadano en la Constitución”.

Contundente y claro.

Así también lo advirtieron Gaitán y Galán, y lo repiten una y otra y otra vez en su Razón Pública Hernando Gómez-Buendía y quienes como él se preguntan y reflexionan sobre su sentido supremo. Pero, “en nuestra sociedad, hay tolerancia a la ilegalidad más de lo necesario, más de lo debido y más de lo justo”, como lo señaló Antanas Mockus.

El proceso de la vida colectiva solo es posible si se consigue ese equilibrio entre la vibrante y dinámica evolución del país nacional, y una elevada condición humana del país político. La autenticidad y la posibilidad de nacer y SER no pueden seguir siendo un asunto por borrar, por excluir. Los legisladores no pueden seguir imponiendo sus visiones personales e intimas de cómo se plantan con sus vidas en el mundo, por más legítimas y respetables que les parezcan. Tampoco están autorizados a legislar desde el miedo y los prejuicios que profundizan más la discriminación, como señaló la H. Representante Ángela María Robledo. 

Estamos atrapados en la telaraña de una práctica política que se repite por los siglos de los siglos. “¡Aquí no se salva ni Dios! Lo asesinaron”, como bien dijo el poeta castellano Blas de Otero.

Mientras los “legisladores” colombianos -de esa mezcolanza insalubre y burocrática llamada Mesa de Unidad Nacional convirtieron el Congreso en un confesionario, el parlamento francés decidió amparar de manera contundente los derechos de sus conciudadanos y de todas las parejas que desean construir vínculos amorosos y legales bajo la figura del matrimonio. A principios del mes se aprobó en Uruguay.

La no aprobación de la inclusión constitucional del matrimonio entre parejas del mismo sexo tiene muchos deshonrosos nombres y apellidos.

Los de quienes no votan para construir un país político al servicio del país nacional; también, los nombres de quienes ocupan curules para legislar en beneficio propio convirtiendo lo público en su premio gordo de la lotería. Por último están todos los nombres de quienes se proclaman de izquierda o de pensamiento liberal pero que no lo son ni adentro ni afuera de la carpa (de circo) de ladrillo.

Nada, absolutamente nada lo justifica, pero resulta comprensible que en Colombia sean (o seamos)cada vez más los que no quieren saber de la vida pública del país.

Casi que uno termina por creer que a Colombia la escupieron las brujas. Qué somos mártires de un conjuro o maldición.Lo cierto es que no todos somos iguales ante la ley  ¡Tremendo drama en la historia de un pueblo! 

22 abril 2013

Poetas en Abril

Paisa y ciudadana catalana, hincha del Barça, rigurosa, metódica, apasionada con lo que hace y realizadora de sus sueños, Luz Eugenia Sierra es la más relevante antologista y editora de la poesía colombiana. El domingo 21 de abril nos entregó su último proyecto: María Mercedes Carranza. Poesía reunida & 19 poemas en su nombre.

Llueva, truene o relampaguee, los poetas siempre llegan en abril de la mano de Luz Eugenia Sierra, la paisa.

Aparecieron por primera vez en 1982, una noche de abril, en la histórica Plaza del Chorro de Quevedo. En la noche del domingo 21, lo hicieron también, en la anual Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Entre uno y otro evento han pasado 30 años, y desde entonces, no ha dejado de descubrir, conocer, reunir, editar y entregarnos, cuidadosamente y en espléndidas ediciones, el rico trabajo de los poetas colombianos. 

Como la describió el poeta Joaquín Mattos Omar en la Revista Ulrika (edición especial 45-46), Luz Eugenia Sierra es "la más relevante antologista en el panorama de bibliográfico de la poesía colombiana. Ninguna otra persona como ella han contribuido al enriquecimiento crítico del corpus de la lírica nacional”.

En su último trabajo, “Poesía reunida 19 poemas en su nombre”, rinde homenaje, diez años después de su muerte, a una persona que fue apasionada, íntegra y convencida que era posible construir un país mejor con las voluntades alzadas en almasMaría Mercedes Carranza de quien fue su asistente en la Constituyente de 1991, su brazo derecho en la Casa de Poesía Silva y su más admirada y querida amiga.

Poetas en abril

Transcurrían los meses previos al fin de la doctrina de la "seguridad nacional", que Turbay Ayala (1978-1982) nos había impuesto desde el primer mes de su mandato bajo el nombre de estatuto de seguridad. Que dizque para ‘defender a los asociados y las instituciones democráticas asediadas por serios peligros y toda clase de asechanzas y lograr una patria donde se viva en paz y toda clase de seguridades para la vida y el trabajo'... según informó en su momento el El Espectador.

Fueron cuatro oscuros y temidos años en los que, en nombre de los “valores políticos” y defensa de la patria, las incipientes organizaciones sociales, sindicales, los partidos de izquierda y de manera especial los estudiantes y los artistas, fueron presionados, hostigados, perseguidos, coartadas todas las libertades civiles, violentado su derecho humano a la vida y reprimida toda manifestación de protesta en la sociedad. 

Sí. Tal y como ocurrió con Uribe (2002-2010). Cualquiera que pensara diferente, fuera opositor o crítico de su gobierno, era sindicado de subversivo, comunista o guerrillero, un enemigo del Estado que había que acallar, someter, borrar del mapa de la democracia.  Bajo el estatuto de seguridad fueron detenidos en guarniciones militares y de torturas, el poeta Luis Vidales (tenía 80 años en ese entonces), la pianista Teresita Gómez y la bailarina Priscila Welton, entre otros colombianos del mundo de la cultura.

Este fue el contexto de vida, de estudio, de crecimiento y evolución de una generación de jóvenes y estudiantes en la Colombia de finales de los 70 y primeros de los años 80. Un tiempo en el que pese a que habían más noticieros diarios de televisión -8 en total- y menos realitys show y telebovelas, pocos hablaban de las violaciones a los derechos humanos que ocurrían a diario. Estudiábamos y soñábamos.  

¿Como cabía la poesía en ese contexto?

Luz Eugenia Sierra. “Queríamos ‘romper’ el estado de sitio, pero de una manera distinta, festiva. No con consignas ni pancartas. Pensamos con el pintor y promotor cultural vallecaucano Mario Quintero (q.e.p.d.), amigo y vecino, que lo mejor era hacer un encuentro con poetas y juntar sus poemas para un libro. Me había retirado dignamente -subraya- pocos días antes de la facultad de derecho de la Universidad Libre y tenía el dinero del reintegro de la matricula. Haciendo cuentas alegres -porque uno no hacía presupuestos ni nada parecido- en esa semana santa hicimos la convocatoria. Llegaron 82 poemas, muchos manuscritos”.

En su buhardilla de La Candelaria Luz Eugenia mecanografió en una máquina de escribir IBM ejecutiva (lo último de lo último y lo más cercano a la tipografía), las 89 páginas que fueron fotocopiadas y compaginadas manualmente y durante dos noches, para hacer 1.000 ejemplares del memorable libro. 

Esa primera edición fue el comienzo espontáneo de la serie de cinco volúmenes (1982-1987) que comprendió la colección de Poetas en Abril, cuyo primer tomo que circuló con portadas en propalcote de 250 gramos color rosa sin ninguna información, fue en homenaje al escritor Andrés Caicedo. "Después de iniciar la impresión de las portadas en serigrafía (screen), una noche antes del proceso final, fui víctima de un atraco, y aunque me defendí, -cargada de tigre mordió al ladrón-, las portadas no pudieron estar a tiempo", recuerda entre asombro y risas. 

¿Cómo se hizo la convocatoria?

LES. “Aún no había computadores, celulares y menos Internet. El correo de las brujas, el voz a voz, los cartelitos y las fotocopias funcionaron muy bien. En menos de 15 días lo pensamos y se produjo el primer libro. ¡Aparecieron 82 poetas y poemas!”

Conversamos con la paisa en el Chorro de Quevedo, allí a dónde don Gonzalo Ximenez de Quesada hizo la primera fundación de Bogotá el 6 de agosto de 1538 y también, el lugar en donde Luz Eugenia inicia su intensa y feliz travesía como editora. 

"Esa noche de la presentación de Poetas en Abril llovía con ganas. El sonido no funcionó, la leña se mojó, pero los poetas celebraron su fiesta leyendo sus poemas, todos, regocijados con la publicación, para algunos, de sus primeros trabajos. Poetas que hasta hoy siguen vigentes y escribiendo como Anabel Torres, Eduardo Escobar, Fernando Linero, Rafael del Castillo, Guillermo Martínez, Giovanni Quessep, Harold Alvarado Tenorio, Jotamario… entre otros".

¿Si en 1982 fueron 82 poetas los que atendieron la convocatoria, cuantos llegarían hoy?

LES. “En la época en que María Mercedes Carranza hacía las convocatorias en la Casa de Poesía Silva, llegaban 10 mil, 12 mil sobres. Hoy con Internet y todo lo demás… pues dímelo tu… " (Risas).

Luz Eugenia dejó el derecho y se hizo periodista aunque nunca ha ejercido. Se marchó del país durante diez años para cumplir una nueva meta: hacerse maestra de edición, pero en Catalunya. Lo suyo son las palabras, la gramática, los textos, el papel, el diseño, los libros.  

¿De dónde sale el título Poetas en Abril?

LES. “El título de la colección fue un acierto de las siempre espontáneas expresiones del poeta Juan Manuel Roca. Abril es el florecimiento, la primavera, lo que está en desarrollo. Muy ecléctica, claro, pero la realidad es tan diversa como para ponerle un solo prisma. La poesía colombiana tiene 80 mil expresiones”. 

Eran los años dorados de muchos autores en agraz, en pleno florecimiento, como escribiera el poeta Joaquín Mattos.

Un mes después, Luz Eugenia crea la Fundación Talleres y presenta una nueva edición del primer libro en Medellín, esta vez, con la portada impresa y 300 ejemplares exclusivamente para las bibliotecas. Con esto comienza una aventura y empresa que ha ocupado buena parte de su vida.

La colección Poetas en Abril investiga, indaga, recupera, recoge y publica más de 1500 páginas de la poesía de cerca de un centenar de poetas colombianos durante cinco años continuos.

¿Por qué publica poesía y no cuento?

LES. “Por intuición y asombro, que en 30 años, no se me ha acabo. La poesía es testigo excepcional de un momento de la historia de un país, de la vida de la gente”.

Luz Eugenia no es una crítica de poesía, pero sabe cuando un poema y un poeta son buenos. Es cuando “intentan resonar más que sonar. La poesía se escucha como un jazz… una sinfonía…”, dice.

Y lo tiene claro, como clara fue su respuesta a uno de sus maestros del Postgrado de Estudios Avanzados en Edición en Barcelona. ¿Cuál sería la estrategia para publicaciones sobre armas en fascículos? Ella responde de manera inmediata. “No me ocupo de ese tema. Soy editora pero no para hacer libros sobre la guerra”. 

En el año 2000 edita y publica en Barcelona uno de los dos libros que ha preparado de autores de manera individual: Poemas de la guerra de la poeta Anabel Torres.  

¿Qué se necesita para ser editor de poesía?

LES. “Vocación de pobre (risas). No tener aspiración de lucro ni de gran renombre sino voluntad de aprender, de hacer preguntas y de cuestionarse. Los poetas tienen una atención especial por la realidad. La poesía da eso. Una nueva emoción cada vez. Leo a Juan Manuel Roca, a Giovanni Quesepp... y se me abre otro espacio. La poesía sacude, emociona”.

Como conmovió, en 1997, la colección de postales con poemas de 33 autores colombianos titulada Correo de las Novias. Un proyecto editorial cuya edición limitada de 3.000 ejemplares fueron impresas en papel propalcote de 250 gramos, proveniente de la fibra de la caña de azúcar y presentadas en una caja de madera de comino reciclado de una vieja construcción febril de Medellín. Las Postales (no la caja) se han reeditado muchas veces y aún hoy se pueden conseguir en la Casa de Poesía Silva.

¿Antologista o editora?

LES. “Me divierten mucho las antologías porque, al mismo tiempo, se pueden pulsar distintos lenguajes y se pueden reunir públicos diversos. Cada poeta tiene su parcela de amigos, de afectos y reunidos todos juntos pueden mostrar más la diversidad. Es un oficio que me divierte, que me enseña. Que me emociona”.

Sin duda su obra más ambiciosa como editora y antologista es Colombia en la poesía colombiana/Los poemas cuentan la historia, publicada en 2010 bajo el sello editorial Asociación Cultural Letra a Letra que ella preside.    

El libro es el resultado de siete años continuos de investigación que realizó junto al poeta Robinsón Quintero. Con este trabajo, Luz Eugenia Sierra obtiene el premio Literaturas del Bicentenario otorgado por Ministerio de Cultura en el marco del Bicentenario. Una elevada y fecunda edición poética, literaria e historiográfica cuyos 186 poemas retratan cinco siglos de la vida cotidiana, social y política de Colombia.

¿Es distinta la poesía que hacen las mujeres a la que hacen los hombres?

LES. “No.. no.. no. Uno no escribe con la falda. Uno escribe con las manos, con el cerebro y con el corazón y hombre y mujeres tenemos de lo mismo. Es el universo propio de los poetas lo que se impone en sus textos”.

Su siguiente proyecto, el del 2014 es “una colección de libros individuales de 7 mujeres colombianas con voces muy potentes”, me revela, pero no me adelanta más.

¿Qué significan 30 años en la poesía?

LES. “Que ha pasado el tiempo y no he dejado nunca de asombrarme. La poesía abre otras ventanas, plantea otras preguntas. 

Hace 30 años era una buena estudiante. Formaba parte de un comité de solidaridad de presos políticos... de una fundación de promoción de los artesanos y las expresiones culturales del barrio, trabajaba en una empresa francesa, y estudiaba francés y derecho”.

Luz Eugenia no se detiene. Soy testiga de ello. Desde su primera quijotada (de la cual formé parte) hasta la última. Así como es rigurosa, profesional y puntillosa al momento de enfrentar un texto o un poema, también es metódica, exigente, planea al detalle cada acción, cada actividad, tanto de su labor poética y empresarial, como la personal. Se pone y cumple todas sus metas. No deja casi nada al azar. Ese es quizás el más caro de sus secretos.  
Fotos by Bunkerglo.

12 abril 2013

"Marcha por la paz" honró y se solidarizó con las víctimas

Y Gaitán, ahí. Foto by Bunkerglo - Marcha por la paz. Bogotá abril 9 de 2013
Cuando era niña mi papá Luis Augusto me contó muchas veces la historia de Gaitán. Quién era, por qué lo asesinaron, por qué era bueno, qué pensaba... También, de cómo él escapó de la revuelta del 9 de abril, dónde estaba mi mamá Ligia, a quien no conocía aún, y qué hacían y dónde estaban sus hermanos, mis abuelos y en general las dos familias en ese memorable día. 

Cada vez que me refería la misma terrible y triste historia, seguramente producto de mis preguntas, tampoco podía evitar, por obra y gracia de mi imaginación, convertir su relato en un cuento lejano, en una película desteñida y marcada de hilitos (rayada) porque había pasado en otro lugar y con otra gente.


Sin embargo, muchas veces y con cierta fascinación, escuché el discurso que pronunció Jorge Eliecer Gaitán en la Plaza de Bolívar el 7 de febrero de 1948, y que se conoce como Oración por la Paz

No se si era su voz o sus palabras pero escucharlo hablar en el LP (Long Play), me producía un magnetismo increíble. Recuerdo que todos, pero en especial ese disco, negro, pesado, delicado, había que cogerlo con sumo cuidado, con las manos muy limpias, casi que con guantes, cuidando de no rayarlo con la aguja al ponerlo en el tocadiscos.

Los domingos en la tarde, después de escuchar por la radio un partido de fútbol y los resultados de la hípica, mi papá ponía los discursos de Gaitán, alternando nuestra atención con el lago de los cisnes de Tchaikovsky o las seductoras voces de Nat King Cole y sus aquellos ojos verdes y la Violetera de la recién fallecida Sarita Montiel, entre otros hits de la época.

La historia nos cuenta que ese 7 de febrero, hace 65 años, más de cien mil de las cuatroscientas mil personas que vivían en Bogotá, colmaron la Plaza de Bolívar. También quizás ahí estuvieron nuestros papás, los tíos y abuelos, atendiendo el llamado del líder político y jefe del Partido Liberal, Jorge Eliecer Gaitán.

La multitud protestaba, como hasta hoy lo hacemos, contra la violencia política, pero en ese entonces, por la que ejercía el gobierno del presidente de la República Mariano Ospina Pérez sobre los liberales, en especial, contra los gaitanistas.

Desde antes de esa fecha como hasta hoy, la desigualdad, la exclusión y la pobreza, siguen siendo una constante nacional. Lo más fácil era convertirla en una efermedad endémica, incurable. Solo pasamos (¡por dios!) del criminal tiempo del corte de franela al de la motosierra.

En esa marcha del silencio, porque no hubo consignas, ni aplausos, ni vivas, Gaitán pronunció, según opinan los historiadores y los viejos, su más auténtico y conmovedor discurso. Tal vez, el más importante de su corta y truncada vida política. 

Con la vehemencia de su ser le pidió al presidente Ospina Pérez concordia, hechos de paz y de civilización.  "¡Piedad para la patria!".

El recién 9 de abril de 2013, como en 1948, una multitud 'de todas las latitudes, de los llanos ardientes y de las frías altiplanicies, llegaron a congregarse en esta plaza, cuna de nuestras libertades'. Vinieron con la historia de su dolor y sufrimientos, y otra vez, desbordaron la Plaza de Bolívar para decir que le apuestan, decididamente, a un nuevo intento de paz.Que quieren, que requieren, que necesitan paz.
La marcha fue la manera como se conmemoró, por primera vez en la historia de Colombia, el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas, (instaurado por la Ley 1448 de 2011 Art. 142). 

Se honró la memoria de los desaparecidos y asesinados, a sus miles de familias, a los millones de personas que se encuentran en situación de desplazamiento forzado, a las que han sido despojadas, a los que fueron violentados sexualmente (mujeres y hombres), se honró a las comunidades, a las poblaciones y a los niños y niñas cooptados por los distintos actores del conflicto armado.

Los que marcharon no eran los enruanados de sombrero de la marcha del silencio de Gaitán, pero por la "pasarela de la paz", (esto es la carrera séptima hasta la Plaza de Bolívar), pasó la geografía humana nacional, centenares de miles de personas en cuyos rostros se dibujaba un ¡Sí! ¡Hágamos la Paz!

Vi marchar campesinos, indígenas, afros, obreros, trabajadores, estudiantes, intelectuales, artistas, mujeres… A las minorías más vulnerables mujeres, niños y viejos que han padecido y sufrido lo indecible en este país.

Marchó la solidaridad por ellos mismos como víctimas de la endémica guerra colombiana. Todos traían deseos, sueños, esperanzas, el clamor porque pueda empezar a construir una vida distinta, con un presente feliz y prometedor.

Su masiva presencia simbolizó, en el simbólico espacio de la democracia nacional, el beneplácito expreso de poner fin al conflicto armado. Un gesto de humanidad, de generosidad, de vida si se tiene en cuenta que son los historicamente excluidos. Están convencidos de que no todo está pérdido y venían a ofrecer su corazón.

La "marcha por la paz" no fue una movilización silenciosa como la de Jorge Eliécer Gaitán el 7 de febrero de 1948 cuando pronunció su Oración por la Paz,  sino todo lo contrario, fue expresiva, festiva, multicolor y ruidosa, como lo muestra el vídeo (ver más abajo), cuyo paisaje sonoro fue realizado por el periodista Pablo Medina Uribe, director de RadioPachone (www.radiopachone.org) y Julian Camacho García. Las imágenes de mi autoría fueron tomadas en un punto obligado del recorrido de la "marcha por la paz", carrera séptima con avenida Jiménez, camino a la Plaza de Bolívar.     

 

Esta entrada al blog incluía el texto del escritor y poeta William Ospina, presentado como una nueva Oración por la Paz y que leyó la líder política y defensora de los derechos humanos Piedad Córdoba. Dada su extensión, el texto aparece el el siguiente post bajo el título: Dignidad, confianza y afecto entre los ciudadanos es el verdadero nombre de la Paz: William Ospina 

NOTA. La imagen del gran fotógrafo Sady González tiene como fecha 1940. Sin embargo, tengo dudas sobre este dato. La encontré en la Internet como parte de un texto sobre la Marcha del Silencio, luego tendría que ser de 1948. Quizás la cambié más adelante, dependerá de lo que logre establecer.