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29 noviembre 2011

Qué las palabras reclamen a los corazones la indiferencia de sus actos


La Catedral Primada de Bogotá acogió hoy a los familiares de los uniformados asesinados por las FARC, los sargentos Libio José Martínez y Álvaro Moreno, así como a los mayores Edgar Yesid Duarte y Elkin Hernández Rivas.
 
Todos los martes una colombiana, de esas que están hechas de solidaridad, berraquera y ternura, Marleny Orjuela, como en un ritual sagrado, íntimo pero público, llega hasta las escalinatas de la Catedral en la Plaza de Bolívar, para clamar e implorar un acuerdo humanitario (¡Ya!), que consiga regresar con vida a sus seres amados. Nunca está sola. Junto a ella siempre están todos o algunos familiares, hermanos, hijos, madres y padres de los soldados y policías en situación de secuestro en manos de las FARC.
 
"Sentémonos y digamos como hay que hacer para traerlos en realidad (...) Miremos a ver cómo es que los vamos a sacar".  Es lo que dicen y han repetido desde que Andrés Pastrana era presidente, después y durante ocho años  con Álvaro Uribe Vélez y ahora con Juan Manuel Santos. Siempre piden lo mismo: la libertad de todos.

Una tragedia sobre la cual muchos ya están hartos de pensarla tratando de descifrarla  o  entenderla, y frente a la cual la inmensa mayoría se ocupa solo cuando los medios, responsables de hacer seguimiento e informarnos, visibilizan a las personas en situación de secuestro solo cuando hay uno o varios muertos. Como ahora.  
En el mismo lugar de la carrera sexta con calle décima, a donde estas víctimas invisibles van desde hace años a vivir su duelo anticipado,
hoy la gente, los colombianos, el mundo enter olos tiene en la mira pero no los ve (¿los escuchará esta vez?), mientras se sucede un entierro de primera para unos heroes de no se qué, que fueron tratados como víctimas de quinta durante 14 años!. ¡Como si hubiera víctimas de primera!  
 
Seguramente los encontraré otra vez el próximo martes ante la mirada indiferente de los miles de transeuntes que atraviesan el lugar. Con sus banderas blancas de paz y libertad, solos, como siempre han estado, exhibiendo con dignidad su dolor, agolpados en la misma escalinata portando sus cuidados e impecables carteles de los rostros más bellos de sus amados. También, con su dolor a cuestas, más tristes y más afligidos que siempre implorando que se sienten hablar unos y otros y todos, porque, ya sabemos, puede producirse un nuevo "error" que ponga fin a las vidas de los que aún están en cautiverio a manos de unos criminales, armados y organizados.

Los últimos héroes de la patria, los mismos por quienes la sociedad que hoy se lamenta, llora, maldice, condena y rechaza, no ha hecho y no hizo lo suficiente que es TODO para salvarlos de su destino cruel que ya no era estar en situación de secuestro por las FARC, sino de la indiferencia y la indolencia de un "Nación" que siente, episódicamente, solidaridad cuando ya no hay nada que hacer, sino ver impávidos misas de primera con batallones de plañideras y cañones que no ensordecen las armas de la muerte.  

Pueda que las FARC y su barbarie los haya privado del bien y derecho humano más preciado: la libertad, pero a Libio José Martínez, Álvaro Moreno, Edgar Yesid Duarte y Elkin Hernández Rivas los asesinó la tolerancia del "eso no es conmigo", "no podemos ceder", "que pena pero de malas" , "mejor no se meta" y el del "dejé así" de la inhumanidad rampante de este paisaje que es Colombia.

Como dice el poeta @valenciacalle: "Qué las palabras reclamen a los corazones la indiferencia de sus actos. Qué la paz perdida se deje ver entre los rostros de la indiferencia".

Fotos by @Bunkerglo

28 noviembre 2011

Las marchas por la paz son gestos sin apellido




Ayer domingo fue un día difícil en las emociones y sentimientos de los colombianos. Uno de esos días que, en lo personal, he vivido y visto muchas veces a lo largo y ancho del país en sus últimos 30 años de historia, y de habitar este paisaje con nombre de mujer: Colombia

Había rabia, tristeza, desconcierto, pero sobre todo, una evidente ausencia y carencia de líderes políticos (los espirituales son muchos y diversos y de ellos nos agarramos muchos), que en mi nombre y en el de muchos más salieran a interpretar esta peregrina desolación de sentirnos huérfanos, perdidos en un  mundo, en un país, en una sociedad que no queremos reconocer como propia porque da vergüenza y duele hasta la medula.
 
Muchas veces, de manera abierta o dirigida a alguien, envié insistentemente el mismo mensaje: "Yo no marcho contra FARC, sino en contra de TODOS LOS SEÑORES DE esta maldita guerra #Protesta6D ow.ly/7Gfaf". Y es que, más allá del cruento suceso de guerra, (el asesinato de los uniformados en lo que al parecer fue una escaramuza sin la certeza clara de la existencia de las personas en situación de secuestro), aquí nos han querido hacer creer de siempre que nuestro principal o único enemigo son las FARC y no todos los señores de esta maldita guerra. Hay que desarmarlos a todos! ow.ly/7GbIJ

El twitero @arkandria me envió un texto que interpretada mis sentimientos y pensamientos, y que compartí con la comunidad:  "Con @Arkandria No queremos guerra, violencia y secuestro, pero pedimos caminos nuevos y ciertos para alcanzar este fin. ow.ly/7GblA".  Encontré una frase de Platón que decía que "los muertos son los únicos que ven el final de la guerra". Eso pasó el sábado con las personas que estaban en situación de secuestradas y que fueron asesinadas por las FARC.

Simultáneamente, también desde muy temprano, fueron entrando a mi TL unos trinos que eran como un monologo encendido, profundo, triste. El profesor @Valenciacalle, - como le dicen sus alumnos en facebook y en twitter, y que yo apenas si conozco leyendolo por estos espacios-, nos entregaba, en 140 caracteres versos y pensamientos del alma, esa que quizás aún hoy traemos deshecha gracias a este #paisinviable que nos habita y nos rompe y nos duele y nos mata.

He querido (sin la autorización del autor Marco Antonio Valencia), reunir todos estos 40 o más trinos o testamento de su alma rota (y miedo que también son mios), darles cuerpo en un papel para volverlos a leer y compartirlos de esta manera con ustedes, mis amables sucriptores, pero también como acto de expiación simbólica en nombre de estos últimos muertos de este negocio lucrativo que es la muerte en este territio de guerra. 

El llanto es nuestro y la tragedia también, como escribió hablando de España el poeta León Felipe. "Ya no hay patria, la hemos matado todos, los de aquí y los de allá; los de ayer y los de hoy (....) Ya nadie aquí tiene lagrimas".

Seguro los poetas y la poesía son el leño seguro para no naufragar en este triste paisaje. El título es mío y las fotos también.


  Las marchas por la paz son gestos sin apellido
"Siempre hay un trago amargo en la historia de este país. Hay una zozobra en el aire, en la memoria un vuelo de palomas vencidas. En la calle una lágrima viva, enorme, rodando por el país.
Callan la muerte y gritan la fiesta. Desdibujan la realidad. Calla el aleteo de las palomas y se pierde el miedo en noches de carnaval.
Un niño eleva sus manos hacia el cielo, y pide limosna... Sin paz en su corazón y con hambre en sus días no le importa la paz en la tierra.
Nos perdemos en palabras buscando la paz. Nos perdemos en cenizas, cementerios y utopías. En noches de miedo y amaneceres con promesas. 

El miedo todo lo consume: las flores y los cielos azules. Incluso la ilusión de ver la sonrisa de un niño viviendo en un país sin guerras. Cabalgamos en potros de miedo. Esquivamos miradas a escenas de miedo. No hacemos nada contra la violencia por miedo. El miedo nos ilumina.
El silencio ha sido el escondite. Hacernos los ciegos ha sido la solución. Quejarnos por la in-eficiencia de los otros ha sido el escape.
Embriagados. Ebrios de miedo. Con la mirada escondida. Sin sueños, pero tristes por el pasado. Mi alma en la jaula de un país en guerra.
Somos ciegos pero el fantasma del olvido no vuela en nuestra historia. Somos indiferentes pero los huesos de nuestros muertos están allí. No nos alcanza la sonrisa para vislumbrar días de paz. Somos niños amamantados por noticias de violencia, con bastones de viejos ciegos.
Nuestro miedo no tiene boca para decir. Nuestra boca no tiene ilusiones para sembrar un árbol de paz. Vocación de paz sin alma y sin manos?

Este país no tiene miedos, tiene silencios que es distinto. Los ruidos de la guerra ahogan todas las ausencias y todos los horrores.
Este país tiene muchas ventanas y en cada una de ellas hay un paisaje distinto. Hoy quiero ver esa de lágrimas tristes que lo inunda todo.
Te he traído el pan al desayuno una y otra vez, te he colocado frutos en la mesa una y otra vez...Pero tú, no alimentas mi paz, ¿entonces?


Comenzamos a flotar en noches manchadas. A vender ilusiones por la paz como milagros en papeles de colores. Sin palomas ya no esperanza.
No hace falta que hablemos cuando hay llanto en el cementerio por el cielo extraviado y las flores de la paz están ya marchitas.
No es que me duelan los muertos ajenos. Es que cuando matan uno de nosotros, a un hermano colombiano, morimos de vergüenza nosotros.
La paz no existe por aquí. Es palabra incierta, polvo de ilusos, cielo de condenados. La paz es una lluvia de fábulas sin nombre y sin amor.
La sangre derramada por mis mayores es tan grande como el miedo de mis noches. Y no crecerá la paz en esta pesadilla de miedos. Urge la paz.

Mis palabras no dicen nada, ni son nada. Mis miedos no son nada y a nadie le importan.En otro Universo mi clamor de paz tendría eco y amigos.
Los delirios de los guerreros terminan en fosas de cementerios sin epitafios. Frente a la guerra de los tontos todos los ruegos son inútiles.
Todo diálogo roto, toda pérdida, toda disolución, todo grito de rabia... nos condena. La paz que nos titirita arde en fogatas de leño verde.
Que las palabras reclamen a los corazones la indiferencia de sus actos.Que la paz perdida se deje ver entre los rostros de la indiferencia.

Y nos van quedando las canciones tristes de una tierra sembrada de huesos. Pedazos de cielo sin emociones, de patria sin orgullo.
Tanta ceniza de muerto, tan muerte sin duelo, tanta tristeza sin sentido, tanta lágrima al vuelo, para nada. Corazones de piedra, amén.
Si todas las heridas en el corazón, de todos los heridos por la violencia fueran huéspedes de la paz por un momento...
En otra tarde, en otro cielo, en otro rostro, hay otra mirada triste... no solo nosotros lloramos nuestros muertos. Ellos lloran sus penas.
Este paraíso de sombras y silencios que nos inunda de tristezas... esta salvado por un barquito de papel en el mar de las indiferencias.
Somos ciegos pero el fantasma del olvido no vuela en nuestra historia. Somos indiferentes pero los huesos de nuestros muertos están allí.
Embriagados. Ebrios de miedo. Con la mirada escondida. Sin sueños,pero tristes por el pasado. Mi alma en la jaula de un país en guerra.

El silencio ha sido el escondite. Hacernos los ciegos ha sido la solución. Quejarnos por la in-eficiencia de los otros ha sido el escape.
Cabalgamos en potros de miedo. Esquivamos miradas a escenas de miedo. No hacemos nada contra la violencia por miedo. El miedo nos ilumina.
Un niño eleva sus manos hacia el cielo, y pide limosna... Sin paz en su corazón y con hambre en sus días no le importa la paz en la tierra.
Ciegos frente al fantasma del olvido vuela nuestra historia. Somos indiferentes pero los huesos de nuestros muertos están allí.
Esquivamos las escenas de miedo. No hacemos nada contra la violencia por miedo. El miedo nos ilumina todo, hasta las esperanzas de la paz.
Hacernos los ciegos ha sido la solución. Quejarnos por la in-eficiencia de los otros ha sido el escape. No mirarnos al espejo. Silencio.
Matan a uno y resoplamos. Un muerto es una luz que enceguece la ira. Un insecto molesto para nuestra viva indiferencia.
Las marchas por la paz son gestos sin apellido. Actos sociales inocuos, mariposas volando sobre flores de papel. La nada en el aire viciado.
Los manifiestos por la paz son pensamientos sin sombra, días de fiesta que vuelan al infinito buscando una lágrima, pero nadie se conmueve.
Cuando aparecen los muertos aparecen los lamentos como moscas. Los zumbidos del miedo nos acorralan, nos mojan. El dolor de otros abruma.
El miedo a la paz no puede ser un encanto eterno.Algún día una mariposa sobre la flor del horizonte nos muestre el brillo hermoso de la paz.

Indiferentes hemos visto morir a miles por la televisión. Ha sido como ver podar el pasto. A pesar del lamento de los grillos, nada pasó.
Pueda que algún corazón palpite con el escándalo de la sangre de la guerra fratricida que llevamos, y pueda que no todos seamos indiferentes.
Alguna voz interior nos dice que al otro lado hay resplandores, mundos en paz. Pero en la orilla de la indiferencia el corazón también late.
Se miran los cementerios, las flores y las viudas, nos estremecemos, nos lamentamos pero nada. La Nada nos tiene bajo su sombra.
En una canción todas las esperanzas. En una marcha por la paz todas las apuestas. En el horizonte, el miedo abre sus alas con hilos finitos.
Todo miedo es impronunciable, muerde, corroe y hasta quema cualquier viento de esperanza. Somos harina de miedo y sal sin esperanzas.

Quiero un amor que me camine por debajo de la piel, que me saque de las cenizas de la indiferencia y me haga suspirar por la paz. Mucho pedir?

Nada de sacar banderas por la paz. Hay que sembrar banderas por la esperanza. El amor no se iza ni proclama, se hace, se vive y se siembra.
Silencio, hay una herida en duelo. Silencio, silencio que hay lágrima presente. Silencio silencio que esta noche es hondo el dolor de patria". 
Marco Antonio Valencia

24 noviembre 2011

¡Ya se cayó la Reforma, pero venimos por más!

Jorge González (@indignateco) llegó a la Plaza de Bolívar pedaleando su poderoso  trimotor televisivo de metal azul celeste desde la Universidad Nacional. Aunque pareciera un reto fácil, no lo es del todo, pues debe avanzar no se cuantos kilometros con más de 60 kilos de baterías, las mismas que le permiten producir 30 amperios hora, es decir, la suficiente energía para poder capturar en la pequeña camara de video, el desarrollo de la marcha y hacer Stream en vivo, en directo y sin comerciales, pero con el audio de conversaciones, para el mundo entero. http://twitcam.livestream.com/7cw42 

Una vez más, la MANE (Mesa Ampliada Nacional Estudiantil), conseguía sin mayor dificultad y en medio de una pertinaz lluvia, sacar a las calles a miles de estudiantes, esta vez, para formar parte de la Marcha Continental por la Educación. “Venimos a subvertir el orden”, dijo Jairo Rivera lider de MANE.

Festivos, seguros y altivos sus voces y risas fueron un murmullo que creció en el recorrido multicolor de plásticos, sombrillas y pancartas hasta llegar al centro del poder nacional y capitalino, la Plaza de Bolívar, y reafirmar con ello que no darán un solo paso atrás en su decisión: Ya se cayó la Reforma, pero venimos por más!, como sentenciaron durante el camino al unísono.

Los jóvenes colombianos portaron como suyas las banderas de Chile, Argentina, Guatemala, Brasil, Uruguay… La fuerza de un Continente enmovimiento.   


“Somos utópicos, somos soñadores, somos el despertar de la sociedad, los que vemos más allá”, dijo con total contundencia Jairo Rivera a la multitud multicolor de jóvenes y jovencitas congregados, ante la mirada altiva de un Bolívar engalanado con los símbolos de una protesta fresca, renovadora, decidida a cambiar un statuo quo educativo que los atrapa, deprime y reprime.  

Pero hoy, el breve, brevisimo y claro discurso de Rivera tenía un elemento de fondo nuevo: la inclusión educativa. 'Los estudiantes, los campesinos, los indígenas, los obreros son los que cambiaran este país. Está pelea es por la educación de todos ellos, de todo el mundo. Hoy la espada de Bolívar recorre todo el Continente’, señaló.

Y le planteó un reto claro al presidente Juan Manuel Santos: '¿Por qué no invertir la ecuación? Primero educación, salud, cultura y lo que quede, Santos, es todo suyo para la barbarie'. 

Los retos de la MANE son grandes. Como dice Rivera, ellos son la posibilidad de hacer historia. Construir la unidad. Hacer que la educación sea incluyente. Ser Unidad Popular. “Los derechos no se mendigan, se arrancan al calor de la lucha organizada”.

 
Después vino la fiesta. Músicos de las universidades, que con un bueno o regular sónido hicieron fogata de afecto, fraternidad, compromiso y sueños, incluso hasta ahora, las seis de la tarde, los veo gracias a Jorge mientras reviso el material, selecciono, edito y escribo estas palabras.  Estuvo el carranguero Jorge Veloza y no faltó el "Doctor Krapula", y yo, otra vez, quedé atrapada en esta renovadora energía, sin poder llegar a un banco al que me dirigía a la 1 de la tarde.

“Que vivan los estudiantes jardín de las alegrías, Son aves que no se asustan de animal ni policía, y no le asustan las balas ni el ladrar de la jauría”…. Los dejo con otras imagenes de la gesta que van construyendo los jóvenes ciudadanos colombianos. La Utopía está en Marcha. Y los estudiantes tienen claro que la educación, es un derecho humano, no una prerrogativa de los gobiernos ni de los Estados.










 Fotos by @Bunkerglo.

10 noviembre 2011

El negro

Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana.
Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.
 
Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: "Pero qué chiflados están los europeos".

Texto tomado de El País edición impresa 17/05/2005 cuya autora es la escritora ROSA MONTERO