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03 febrero 2016

Todo por un beso


Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero no para esta foto. Hay mucho que decir sin llegar siquiera a mil palabras. Un símbolo con muchos significados.

Empecemos por el principio: el contexto de la imagen, no de la foto, que más parece una tragicomedia

¿Qué hacían Piedad Córdoba y Álvaro Uribe juntos y en dónde? ¿Es cómo pregunta Jairo Tarazona (@JairoReport) el “beso de judas?”

Mientras el país hacía conjeturas sobre lo que veía sin dar mucho crédito, ese día a la misma hora pero por otro canal, otro niño Wayuú que moría por desnutrición sin ser el foco de atención de la sociedad en la península que se entretenía con la posesión del Oneida Pinto como Gobernadora de la Guajira, pese a que ya lo había hecho un mes atrás.

La subjudice política (que es decir poco) repitió su posesión en “un ritual simbólico” en la Catedral de Riohacha ante la comunidad Wayuú  ̶ de la que desciende ̶, los Palabreros wiwas, arhuacos, koguis y kankuamos, Nasa, Awa, Pijao, Inga, Embera, Muisca y Mocaná, la Nobel guatemalteca de Paz Rigoberta Menchú, la virgen de Nuestra Señora de los Remedios y, por su puesto, Monseñor Héctor Salah Zuleta.

Lo mismo hizo Juan Manuel Santos el 7 de agosto de 2010 en la Sierra Nevada de Santa Marta cuando los hermanos mayores de los pueblos koguis, arhuacos, kankuamos y wiwas le entregaron “el mando de los valores del equilibrio con la naturaleza” (!!)*. ¿Recuerdan? Otro ritual, simbólico.

Pero además de Córdoba y Uribe, otros políticos y ministros  acompañaron a Pinto el martes 2 de febrero.

Pero vuelvo a la imagen, su sentido, lo que comunica.

Cada vez que aparecen públicamente Córdoba y Uribe, los medios crean una noticia. Y aunque hoy ya no se les sigue palmo a palmo en sus andanzas como años atrás, aún a ella se le quiere judicializar por lo que sea y a él celebrarle todo, como escribió Juan Diego Restrepo.

Decir como anota El Espectador que Córdoba y Uribe están en orillas políticas contrarias  por “cuenta de los conceptos que tiene cada uno para llegar a la paz en Colombia”, no solo es inexacto sino hasta mentiroso.  

La sorpresa del “reencuentro”, como lo llaman los mainstream, no es entre dos contradictores extremistas o rivales ideológicos, todo lo cual tendría alguna gracia, sino entre enemigos, un perseguidor y una perseguida política.

Después de estrechar la mano de la “Maestra” Rigoberta Menchú en un saludo de cordial, ante la Vieja Mello y de manera natural, Uribe rodea a Piedad Córdoba en un abrazo que sella con un beso en la mejilla con un sonriente comentario: “estás bonita, estás como quinceañera”.

Más de uno quedó desconcertado ante la "emblemática" imagen como la describió el mismísimo coordinador residente ONU en Colombia Fabrizio Hoshchild. La colombiana por la paz y el colombiano de la guerra deponen las armas.

¿Cómo una persona que fue espiada ilegalmente, hostigada y perseguida de manera comprobada por el gobierno de Uribe y acusada por “traición a la Patria” puede tener un saludo nada indiferente y tan personal con su verdugo?


Normal y necesario, sin duda. "Perdona a tus enemigos, pero nunca olvides sus nombres”, escribió J.F. Kennedy. La perdonanza quizás sea el derrotero que sugiere la “emblemática” imagen: todo por un beso.

Ojalá también los niños Wayuú superen los reflectores, flashes, titulares y esos 140 caracteres en los que Colombia los ha olvidado como una condena.