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jueves, 18 de octubre de 2007

Uribe tiene que tomar prozac


Los criminales dictan la agenda y el país vive hipertenso. ¿Miente el presidente Uribe cuando acusa a un magistrado de la Corte Suprema de intentar montarle una trampa con ayuda del paramilitar 'Tasmania'? ¿Miente el magistrado cuando sugiere que es falso lo que dice Uribe pues no existe tal conspiracion? Yo apuesto todo contra sencillo a que si alguien miente es 'Tasmania'. Temo que, una vez más, el país pisó la cascarita y marcha al ritmo y compás que le interpretan los hampones y sus abogados. No era nadie 'Tasmania' hace dos semanas. Ahora es personaje. Mañana le dedicarán un programa especial de televisión. Pasado mañana publicará su libro. Al día siguiente quizás saldrá hacia Estados Unidos protegido por el gobierno de ese país para recitar la cartilla que le entreguen, a cambio de un nuevo rostro y una pena que da pena. Con un poco de suerte, también su última amante mojará primeras páginas, televisión, libro e incluso entrevistas en prensa extranjera. La de las "revelaciones", chimbas o no, es una copa para todos llena, y el bandido que no la aproveche es porque no quiere. Así ha sido desde que el país aceptó que los criminales fijaran la agenda de la política y de la prensa. Es un horóscopo perverso. Estamos bajo el signo de 'Tasmania', como antes lo estuvimos bajo el de Virginia Vallejo, Patiño Fómeque, 'Chupeta', 'Rasguño', Mancuso, 'Pitirri'... Y no sigo porque parece que presentara una nómina de circo. No es posible negar la importancia que en ciertos casos tienen ciertas declaraciones de personajes vinculados al mundo del delito. Algunos crímenes solo se descubren a partir de pistas que ellos ofrecen. Pero insisto en que su testimonio puede y suele estar alterado por intereses de diversa índole -desde venganzas hasta rebaja de castigos- y sirve apenas como punto de partida para investigaciones. En el planeta entero los delincuentes son fuentes de información: pero una fuente sospechosa, que es preciso verificar y ampliar por otros medios. Solo en Colombia se convierten en constantes protagonistas de la actualidad a través de entrevistas, documentos o declaraciones sin contrastar. Ya es bastante grave que ellos sean motor del periodismo más fácil del mundo; pero es que, además, se dan el lujo de promover terremotos institucionales y emitir descalificaciones que luego encuentran generosa e ingenua acogida en el exterior. Es preciso modificar la agenda tremendista que nos aplasta. Que todos -gobernantes, políticos, jurisperitos, líderes de opinión, periodistas- hagamos un alto en el camino y optemos por gestionar de manera más sosegada el planteamiento y solución de los problemas. Todos los debates y procedimientos caben: desde adelantar un juicio con todo el rigor de la ley a los 'parapolíticos' hasta avanzar hacia un intercambio humanitario. Pero no a fuerza de espasmos nacionales y sacudones. El Presidente tiene que tomar Prozac; sus amigos no pueden seguir pensando que un buen resultado en las encuestas los autoriza a todo; muchos de sus enemigos también deben serenarse; los jueces y magistrados, concentrarse en su misión; los periodistas, escoger la información sólida y seria que necesitamos. De lo contrario, cada bombazo de opinión provoca como respuesta un bombazo aún mayor, capaz de desplazar al anterior de la vitrina y, entre unos y otros, el país vive sometido un permanente ataque de nervios. Faltan casi tres años para que termine Uribe II (apenas vamos en Uribe 0,30), y ya nos armaron el enconado debate de Uribe III. La época de elecciones regionales es mala para apaciguar ánimos. Pero, pasado el 28 de octubre, mucho convendría al país reflexionar sobre esta montaña rusa en la que estamos montados.
Daniel Samper Pizano, periodista y escritor
Columna tomado de El Tiempo - Miércoles 17 de octubre de 2007- Título original de publicación: La hampocracia y la montaña rusa
Foto by Búnker. Mayo 18, Día Nacional contra la Impunidad, Plaza de Bolívar, 2007.

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