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jueves, 26 de septiembre de 2013

Al margen de la vía y de la vida, campesinos de Caquetá siguen en paro


Es imposible no andar el país sin conmoverse. Bien sea por su tierra, por sus paisajes, por sus ríos, por sus cielos… por la opulencia de su tesoro natural, pero muy especialmente por lo extraordinario y humano de sus gentes, de los Otros. 

Aunque buena parte del tiempo permanecí en una aula conversando sobre la libertad de prensa (!!) y el periodismo escolar, desde la voz y mirada fresca de un grupo de jovencitos y jovencitas de los colegios oficiales de Caquetá, el olor a vida en remolino era latente.  


Una cosa es Bogotá y otra el resto del país. Estamos separados de esos Otros en Caquetá, por un anudado verde resplandor de montañas, efigies anónimas de cuyo rastro apenas si sabemos. Perdimos la capacidad de asombrarnos, conmovernos y movernos por la vida.

Con autorización de su autor, el periodista Arturo Guerrero, he traído a Sentipensantes su última columna que publica semanalmente en El Colombiano. “Guerre, le dije por teléfono, no escribiré mejor que tu algo que has conseguido de manera poética y completa. Así que solo agregaré imágenes al relato”. 


Participamos en el 16º Encuentro Departamental de Periodismo Escolar en Florencia con la juventud caqueteña, a través de dos talleres, uno de crónica periodística y otro de libertad de prensa (del que hablaré en otro post). Por ahora, la primera historia.


Las impresiones que quedan cuando vemos, en un paro que no existe, a centenares de campesinos juntos –más de 8 mil me decían-apiñados, sudorosos, altivos… con una carga de esperanza en sus rostros, por soluciones eternamente aplazadas a sus problemas. Florencia está apenas a 45 minutos o una hora y media de vuelo. Los medios locales se ocupan de informar a sus 140 mil habitantes, pero para los medios nacionales, 40 y tanto millones, no se dice e informa nada.    


CAQUETÁ, PARO Y FELICIDAD

Por Arturo Guerrero

Semanas después de levantado el paro campesino en el país, las entradas a Florencia, Caquetá, están asediadas por cambuches de plástico negro en los que hormiguean labriegos de botas pantaneras y amplios sombreros de paja. Desde que dos centenares de policías antidisturbios los obligaron a retirar enormes piedras, los indignados no bloquean vías.

No obstante, los 140 mil habitantes de esta capital en el piedemonte amazónico ignoran en qué momento se romperán diálogos, cuándo volverán las barricadas formadas con las mismas cercas de cemento que ya recogieron los tractores y que antes habían arrancado del suelo los agricultores.

El sábado pasado autoridades aeroportuarias cerraron la reja gruesa de ingreso al terminal local. A escasas cuadras está desparramado el principal asentamiento de la protesta, y… nunca se sabe. Hasta la orilla de la carretera, vendedores de jugos y comidas precarias empujan carritos de balineras para procurarse su agosto.

Caquetá es tal vez el último lugar donde persiste el paro. En el fin de semana anterior el gobernador logró desactivar uno de los tres asentamientos transitorios. Los campesinos hicieron maletas, amarraron hamacas, cargaron tubos, abordaron buses y chivas que los devolvieron a sus tierras.

Taciturnos, los hombres se conformaron con anuncios de instalación de una mesa posterior de negociación. Comprenden que la anuencia gubernamental se debe a una competencia de ciclismo organizada para el próximo fin de semana por importante cadena nacional de radio y televisión. Se requería camino despejado.

Colegios oficiales de bachillerato participaron durante la semana en un encuentro de periodismo escolar. Los maestros impulsan estas iniciativas extracurriculares para evitar que los muchachos ‘se vayan al monte’, eufemismo para significar que ingresen a grupos armados o a negocios propios del tráfico ilícito. Estos pululan, apenas al otro lado de puentes que cruzan ríos y quebradas como el Hacha y la Perdiz.

Interrogados los adolescentes sobre su sueños, algunos muchachos indican que ser oficiales de policía o fuerza aérea. Las niñas se inclinan por medicina forense. La investigación criminalística las apasiona, quieren develar un misterio. También hay otros que aspiran a hacer familia o a ser presentadoras de televisión. Uno discrepó, quiere indagar en qué consiste la felicidad.

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