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martes, 17 de diciembre de 2013

Antonio José Caballero: cargaladrillos por vocación

Para mi colega María Clara Gracia, en memoria de su amado amigo

Él era uno de esos reporteros en vía de extinción. Y se fue. Como escribió en su muro de facebook la periodista María Teresa Herrán, Caballero era un periodista serio, políglota, cargaladrillos por vocación, “sencillo buscador de hechos en vez de instalarse a pontificar en una “mesa” de trabajo”.

Lo suyo era la calle. La gente. La voz de los que no tienen voz. Conversando, preguntando, escuchando. Franco y malgeniado. Nunca fuimos de copas. Tampoco a cenar. Menos al cine. No disfruté de su "tono tertuliador". Mis encuentros en la última década con él fueron fortuitos, más bien simples, pero siempre animados con su chispa. Mientras le lustraban sus zapatos, "poníamos al día el cuaderno". – ¿Búnker, y aún sigue por la libre? (de free lance?) Si querido, por la libre, con mi cámara y en la web. – Ah! Esa vaina es una mamera, me decía, y nos centrábamos en el asunto que nos traía, una vez más, a la Plaza de Bolívar.
  
Nos conocimos en los años del narcoterrorismo (1988-1991). Hacíamos cobertura informativa y noticiosa de una misma fuente, la Cancillería, de las varias que teníamos la responsabilidad (en la repartición de la redacción) de cubrir y hacer seguimiento.

Fue mi competencia. Brava y maluca durante tres años. Su altura y complexión física eran toda una amenaza para mí. Discutimos muchas veces. Hasta nos dimos codo. Recuerdo que, más de una vez, 'corretiamos' al entonces canciller Julio Londoño Paredes. También, a cuanto ministro y presidente llegaba al país. El, desde Cinevisión, noticiero en el que además fue presentador junto a María Clara Gracia. Yo, desde el Telenoticiero del Medio Día (con la información desde... rezaba el eslogan), que presentaba Gloria Cecilia Gómez. Los dos salían simultáneamente.

Me gané su respeto (o dicho de otro modo, que me la dejará de montar), un buen día cuando, por pura “chepa”, conseguí, antes que él, declaraciones de Alán García en la Casa de Nariño. Nada muy importante, sin embargo, lo “chivié”. Era la única reportera que sabía que, justo el día de su cumpleaños, el mandatario peruano llegaría a Bogotá. A García le cayó en gracia y fue el primer y único medio al que le habló cuando llegó. “Orteguita, bien, muy bien”, me dijo mirándome rayado. Ahí, cesaron las disputas. Seguíamos compitiendo, pero aprendimos a colaborarnos. Dejó de ponerse delante mío y hacerse más grande para taparme, cuando con "la manada" esperábamos declaraciones al ingreso del Palacio de Nariño, en la puerta de un hotel o en la terminal del aeropuerto.

Una época difícil, pero dorada para el periodismo en Colombia. No existía el aplanamiento informativo y noticioso actual. Recuerdo que, solamente en televisión, los colombianos teníamos trece posibilidades informativas noticiosas distintas. ¡13! Múltiples enfoques, distintos equipos, diversas miradas. Había espacio para el texto y el contexto, para la crónica y las historias. Todos brillaban con luz propia y crecíamos en la dinámica de una saludable competencia. 

Tanto fue el cántaro al agua, que nos hicimos amigos. O, “si no puedes con el enemigo, ¡únetele!”. 

Eran los tiempos de un colegaje distinto. Sencillo. Fácil. Un tinto era suficiente motivo para que los periodistas nos juntáramos en algún café del centro histórico de la ciudad, siempre, con un periódico, un libro, o una novedad. Andábamos en la calle, por entre los despachos de los funcionarios públicos, llamando desde cualquier teléfono público para reportar que sí, que estábamos detrás de un tema, trabajando. 

En su pequeño piso de ese entonces, cerca a Ecopetrol en Bogotá, nos reunimos algunas veces para escuchar salsa y boleros. Allí descubrí algo que hacía y que copié hasta hoy: el placer de guardar todas las escarapelas de acreditación como periodista, de los medios, de eventos y de actividades especiales . Así que "la feria de la escarapela" estaba exhibida como un "trofeo" en la pared y, para ese momento, ya tenía montones.

Corte Constitucional, celebrando fallo No a la Reelección. 02262010
No sabía que le decían “el reportero de Colombia”. El Caballero que yo conocí, hablaba con la mirada sin pronunciar palabra. 

Nos encontramos muchas veces, por casualidad, en el "ante jardín de mi casa", esto es, la Plaza de Bolívar y también en escenarios donde iba a suceder una noticia "gordotota". 

Un día con las mamas de los soldados secuestrados, otras veces, con las mamas de los jóvenes asesinados por el Estado (“falsos positivos”), y también, en las Cortes. Siempre, con su grabadora en mano, escuchando a los protagonistas de las historias para contarlo desde la voz de ellos. Lo que hace un reportero. Con la gente y para la gente era que hacía la radio.

En nuestras casualidades, que dejaron de suceder el año pasado, siempre empezaba la conversación con el mismo tema: el periodismo digital. No le gustaba (tal vez porque no lo conocía), ni quería andar por ese mundo y menos en el de las redes sociales. Sin embargo, sin tener una cuenta en tuiter, Caballero consiguió ser TT en marzo del 2013 cuando, desde Roma, en una cobertura extraordinaria, nos anunció a los colombianos: “habemus Papa y se llama Francisco”, y las redes sociales se estremecieron con su anuncio.

Antonio José se nos adelantó. Un tipo sencillo. Fresco. Sin adornos. Ni poses. No se consideraba el mejor y mucho menos el “maestro”. Tenía carácter. ¡Y qué carácter! Tímido ante mi lente. Quizás, grabadora en mano, ya esté por entre el laberinto de ese “allá”, indagando por el santo y seña para llegar al lugar a donde está alguno de los Juan Pablo o hasta Pablo VI, pontífices a los que acompañó en sus funerales en Roma.

Caballero era el reportero referencia de una época y periodismo que buscó trascender hasta nuestros días. Capaz de hacer un 'mea culpa' de cómo los medios han fallado, de cómo están utilizando un lenguaje equivocado tomado muy a la ligera el proceso de paz. 

Así se lo manifestó en una entrevista a la estudiante Lois Pineda. Tenía claro que el proceso de diálogo con las FARC no sería un camino de rosas, qué los colombianos no nos podíamos seguir matando, qué los colombianos no nos podíamos negar a la paz.  

Como escribió en tuiter hoy el gobernador de Bolívar Juan Carlos Gossaín: "QEPD Antonio José Caballero. Se fue una escuela de periodismo para el cielo".  

Fue grato conocerlo. 

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