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jueves, 17 de febrero de 2011

La conversación: un paso en la participación ciudadana



El profesor universitario Juan Carlos Acebedo (usuario en Twitter @jcacebedo7) nos invitó a un grupo de usuarios de Twitter a realizar una evaluación sobre la  jornada de libertad de opinión y de expresión alrededor del periodista Daniel Coronell (#apoyoaCoronell), y que se desarrolló durante las festividades de navidad y año nuevo. Juan Carlos es docente e investigador en comunicación y cultura de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Surcolombiana. Con el fin de sistematizar la experiencia y recoger sus apredenizajes el investigador utilizó la entrevista como herramienta del análisis. 

Luego de responder la entrevista Juan Carlos publicó el análisis en su Blog Lectores en la Red  http://ow.ly/3YluP  bajo el titulo de Elementos para un balance de la maratón en Twitter #apoyoaCoronell, cuatro  entregas que dan cuenta del análisis desde distintos ámbitos que invito a mis visitantes a que lo lean. 

Por lo pronto publicó las reflexiones que le proporcioné a manera de ensayo.
 
La conversación: un paso en la participación ciudadana
By @bunkerglo

En la edición de la revista Semana que circuló el domingo 19 de diciembre, el periodista Daniel Coronell escribió en su espacio habitual y semanal una columna titulada “El amigo secreto” (sábado 18 Diciembre 2010) en la que, apoyado en informaciones de El Nuevo Herald, cuestionó la falta de delicadeza de que Tomas Uribe Moreno (uno de los hijos de Uribe Vélez), haya buscado una asociación entre proponentes para presentarse en Panamá en una licitación pública para la construcción de la vía Ruta del Sol.

La reacción de los Uribe Vélez no se hizo esperar. Tanto padre como hijo la emprendieron, ese mismo domingo, contra el periodista a través de sus respectivas cuentas de Twitter con mensajes en los cuáles trataron al comunicador de periodista mafioso, ladrón y calumniador. Fueron 23 tweets ofensivos (http://ow.ly/3NFZl) en los que Uribe Vélez no sustentaba lo que decía ni con pruebas documentales o testimoniales, y más bien lo que buscaba era mover el foco de atención de los planteado en la columna por Coronell, a diferencia de los 17 serenos y respetuosos trinos de respuesta del periodista reafirmando lo que hace en su espacio de opinión y, también, en el noticioso a través de Noticias Uno.

Este episodio de Uribe Vélez contra Daniel Coronell no era el primero. Podría decirse que no hay periodista al que le teman más Uribe Vélez y su familia que a Coronell. Pero también, que no hay periodista al que la sociedad hoy le tenga más confianza y respetabilidad que a Daniel Coronell.

El nuevo espectáculo de persecución y acusación pública comprometía a la comunidad de Twitter, medio que utilizó Uribe Vélez y que, por su naturaleza, nos involucra a todos.

Me pareció excesivo, ofensivo y maledicente que una vez más, AUV acosara a Coronell y  de manera fundamental, que con ello buscará amedrentar la libertad de opinión y expresión mía o la de cualquier otro colombiano como de hecho ocurrió durante los 8 años de su gobierno. No podía ni quería permitir como me paso a mí, regresar otra vez al silencio, a temer enfrentar el unanimismo y permitir que el ex funcionario sub judice contaminara de temor el espacio de opinión de Twitter. Mi primera reacción ese lunes 19 de diciembre fue enviarle un primer trino que decía: “@AlvaroUribeVel: se le comunica y advierte que la comunidad twitera respalda y apoya la libertad de expresión que encarna @DCoronell”, con el que buscaba despertar la atención de la comunidad sobre el tema encarnado en Daniel Coronell.

La polémica, comentarios y expresiones de solidaridad se continuaron dando de manera espontánea en las siguientes horas. El día 20 y luego y en un ejercicio aparentemente inútil, decidí responder de manera directa a Uribe Vélez cada uno de los trinos que envió a Daniel Coronell. En los mismos términos, lenguaje y tono acusatorio que el ex gobernante había utilizado con el periodista en el último le dije: “Lo que es con @DCoronell, es conmigo. La libertad de expresión, la ética y la decencia NO TIENE PRECIO.”

Llegó pocos segundos después un trino de @oldie_laurie que me decía: “@Bunkerglo: Si denunciar los atropellos contra la población y querer justicia es ser mafioso, ok, nos declaramos mafiosos. #HágameElFavor”, y de manera privada continuaron llegando muchos más.

En Web 2.0 y en particular en Twitter todo ocurre de forma muy rápida y simultánea. Pocos minutos después de que escribí y envié a la comunidad un post  (bajo la herramienta Twitterlonger) que titulé:  “Uribe se pasó de la raya con @DCoronell” (http://ow.ly/3NIEh), la acogida fue inmediata entre algunos de mis seguidores. Simultáneamente recibía un DM de @jcacebedo7 y de @analisisdemma, personas de las que no conocía ni sus nombres ni sus oficios y quienes me proponen escribir un texto para recoger firmas de apoyo a Coronell. Se establece el TAG #apoyoaCoronell y comienza una movilización de opinión cuya participación y dinámica natural y espontánea lleva a crear una MARATON de TRINOS para el lunes 27 de diciembre.

El post Twitterlonger “Uribe se pasó (otra vez) de la raya con @DCoronell” sirve de base para el texto final con el que se promueve la campaña, el día de la MARATÓN y alguien más abre un grupo de apoyo en Facebook con los mismos elementos.

Mi participación en los días subsiguientes consiste, de manera permanente, en mantener el tema vivo #apoyoaCoronell para lo cual destino un alto porcentaje de trinos para hablar de periodismo, libertades y derechos desde mi punto de vista y de otros, mensajes que buscaban mantener la reflexión sobre el tema y promover la vinculación masiva de personas en twitter para el 27 de diciembre.
 
EXPECTATIVAS y PROCESO

La libertad de opinión, expresión y el derecho a la información en Colombia han sido atacadas a muerte y amenazadas gravemente en los últimos 30 años desde los gobiernos y la criminalidad de toda especie y naturaleza, en particular, de la mafia del narcotráfico y el paramilitarismo.

Sin embargo creo no equivocarme al decir que no hemos tenido un periodo más largo en nuestra reciente historia en la que la libertad de opinión y de expresión han recibido mayores embates que durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, para quien la persona o medio de información que no pensara como él era sencilla y llanamente señalado como un terrorista. Terrorista en épocas en la que ese “concepto” y denominación se constituyó en el único y mayor enemigo por aniquilar.

La falta de información, la desinformación, la autocensura y la liviandad informativa se convirtieron en el común denominador de la mayoría de los medios de información, de manera fundamental, de los medios medianos y pequeños que vivien de manera permanente y cercana el acontecer social, político y, desde luego el criminal, en las pequeñas ciudades y municipios en donde el conflicto armado salido de madre fue y es más cruel. Ni qué decir de los grandes medios como RCN (llamado Radio Casa de Nari)  y que estuvo al servicio del régimen de Uribe haciendo propaganda de su proyecto político “Seguridad Democrática”, sirviendo de caja de resonancia a las especies que como gobernante esparció contra los periodistas, los líderes de derechos humanos, los políticos de fuerzas minoritarias, los jueces, etc.

Pocos fueron los medios y entre ellos los periodistas que, contra viento y marea, han conseguido hacer del periodismo una actividad al servicio de la sociedad, sin desistir de su papel fiscalizador inclusive del régimen de Uribe Vélez. Entre estos están la Revista Semana, Noticias Uno y la Revista Cambio, está última, cerrada en un episodio oscuro en el que primero cancelan el contrato de su director y subdirector que dizque por problemas financieros.

Este era el contexto que recién vivía el país y el periodismo (sin entrar en mayores detalles) bajo el gobierno de Uribe Vélez. Pero Uribe Vélez ya no gobierna el país.

Como señalé en mi texto (“Uribe se pasó de la raya con @DCoronell”) cuanto se ataca, persigue y agrede a un periodista se atenta con el derecho al acceso a la información real y equilibrada que tenemos toda la sociedad. También, que un ex funcionario de Estado y subjudice tenga la prepotencia de creerse con el derecho de difamar, insultar y atacar a ningún periodista en el ámbito de lo público y tampoco en el privado, por el hecho de que se publique y cuestione sobre hechos que vulneran a la sociedad, a la Nación y al Estado colombiano.

Uribe Vélez se equivocaba una vez más. Sus trinos no van a amedrantar o impedir que el periodismo independiente y crítico se callé, ejerza otra vez la autocensura o la sociedad no exija el derecho a estar informado, tal y como lo garantiza en su actividad periodística Daniel Coronell informando de manera documentada, clara y equilibrada sobre los asuntos de su competencia informativa.

TWITTER, PARTICIPACIÓN CIUDADANA Y LIBERTAD DE OPINIÓN

Este tipo de campañas y ejercicios de largas conversaciones – eso es Twitter, un espacio de conversación- demandan tanto o igual tiempo que una Campaña hecha de manera presencial, la diferencia radica en los costos y complejidades de movilización de las personas para, por ejemplo, concertar un texto de apoyo.

La primera campaña de apoyo y solidaridad en la que participé de manera activa por la libertad de expresión y opinión en torno a un periodista fue a principios de la de década de los 80 bajo el gobierno de Julio Cesar Turbay Ayala. Escribí el texto inicial (que aún conservo), junto con otra colega con la que trabajaba en una agencia internacional de noticias. Hay que ubicar bien el asunto: época del télex, en pleno salto de la máquina de escribir manual a la eléctrica, no había celulares, tampoco fax y las comunicaciones solo eran posibles de manera presencial o por teléfono. Bajo esas condiciones, ese primer texto dirigido al Pte. de la República para conseguir la libertad de un periodista detenido en La Picota, tardó aproximadamente dos semanas entre conseguir el consenso del contenido y tono de la carta, la recogida de firmas y su entrega. Únicamente la respaldaban un poco más de 60 periodistas que era más o menos lo que había por la época, pues solo la suscribían los que cubrían temas políticos, sociales y de orden público. Conseguir que algún medio la publicara o difundiera era absolutamente impensable.

La comunicación, la participación y la acción hoy son otra historia, más rica, más dinámica, más horizontal e increíblemente rápidas.

Las personas en Twitter sin que sean periodistas y muchísimas veces sin que se sepa cuál es su identidad pueden entablar una conversación con un director de un medio –como tantas veces ocurrió con Daniel Coronell- expresar su pensar y sentir y por ello recibir  o no de manera inmediata un comentario de aceptación (RT) , de rechazo o de lectura. La exigencia es suprema en la concreción, uso del lenguaje y la gramática para decir lo que se quiere decir en 140 coherentes caracteres.

Mediante la plataforma de Internet las campañas de solidaridad o de apoyo pueden ser fomentadas inicialmente de manera individual. Unipersonal. No se tiene que hacer ningún tipo de consultas pedir permisos o hacer consensos. Cada persona tiene voz, seguidores que los leen y la abierta posibilidad de plantear conversaciones sobre toda índole y materia en las que pueden o no estar de acuerdo quienes los leen, pero no por ello desistir en proponer o promover un debate. Este sin duda es el nuevo escenario de conversación y de construir vínculos de pensamiento e incluso de amistad de manera serena, a veces documentada pero siempre reflexiva y todos con la misma herramienta: la palabra.

En el caso de la Campaña #apoyoaCoronell así como la Campaña #apoyoaClaudiaLopez, esta última a que pude dedicarle el 100% del tiempo, lo que reflejan es un ejercicio de colaboración colectiva, simultánea, ágil, espontánea, rápida, decidida a pensar, reflexionar y apoyar la defensa de la libertad de opinión.

Se tiene a través de Twitter una posibilidad y situación excepcional: pensar y actuar a través de una herramienta que permite escuchar muchas voces al tiempo, la polifonía sobre un tema y a la vez movilizar la intención y el acto de apoyar a una persona que personificaba en ese momento los derechos y libertades que nos da la Constitución Política Nacional y las leyes universales. 

En este sentido insistí a través de distintos twitters, algunos utilizados de manera repetitiva, sobre el cuerpo legislativo, cite artículos, sentencias, pensamientos de grandes periodistas, de humanistas y filósofos y, desde luego los propios acerca de la libertad de opinión, del derecho al acceso a la información en el contexto del Estado social de derecho y democracia colombiana.

Es claro que los ciudadanos colombianos y muchos más se interesan por la situación de los comunicadores en el país. La acogida en su número y calidad de los tweets dan cuenta de una vinculación amplia que desbordó los naturales limites de periodistas y comunicadores para vincular en la acción a todo tipo de personas en diversos lugares del planeta que  comprenden también que, quien afecte y vulnere la libertad de expresión y el derecho a informar de un periodista o de cualquier ciudadano, es un enemigo de la sociedad no solo la colombiana sino la del mundo y el mayor vulnerador de derechos que son Universales.

La única jerarquía posible de acuerdo fue la palabra misma. No había expertos, tampoco alguien que supiera más que otro. Solo importaba movilizar ideas, pensamientos y conceptos, todas reflexiones con un propósito claro: expresar que apoyábamos la labor de un periodista pero al mismo tiempo, que defendíamos nuestros propios derechos a pensar en voz alta y hablar de lo que nos gusta y no, lo que toleramos y no, y presentar las preguntas que nos hacemos sobre nuestra propia realidad. 

En Twitter es claro que a través de una conversación viva, abierta, que fluye a velocidades inimaginables como el pensamiento mismo, se comparten intereses personales para lo cual producimos un pensamiento a través de la palabra propia o de otros de manera permanente y constante, y generamos una acción colaborativa masiva al compartir de manera horizontal esta gigantesca producción de manera libre. No tenemos que consultar a nadie ni pedir permisos de lo que decimos en 140 carácteres.

La manera como se tejen y suceden las muchas, múltiples y simultáneas conversaciones en Twitter tiene que ver, en gran medida, con el mensaje que envías, pero especialmente, por la atención que das a los comentarios y respuestas que tienen los mismos. Las palabras son palabras, pero no son solo palabras cuando lees, piensas y reelaboras el pensamiento (trino) del otro y el propio.

La palabra es el eje de las conversaciones en Twitter cuyos interlocutores conforman comunidades de comunidades, articulados por intereses comunes que surgen en la diletancia sobre los asuntos que interesan en el ámbito de lo público, en donde cada quien llama las cosas por su nombre, superando los eufemismos con los cuales los medios análogos abordan muchos de los asuntos de la vida política y social de la Colombia de hoy.

La conversación parece ser hoy el primer paso en la participación ciudadana y la palabra vuelve a ser la más efectiva manera de conseguirlo si se tiene en cuenta los ocho años de unanimismo vividos recientemente en el país en los que pensar, y pensar de un modo diferente y en voz alta podía costar la vida.

Creo que en Twitter se retoma el uso de la palabra para tramitar el disenso y el consenso, ejercer la ciudadanía, plantear para reconocer, comprender y apropiar derechos humanos fundamentales.

La expectativa no era otra que introducir una conversación colaborativa en la comunidad: la libertad de opinión, “cuyo pretexto central” fue la situación del colega Daniel Coronell (después vino la de #apoyoaClaudiaLopez), pero también, procurando que la misma trascienda como tema y se instale en el ámbito de la vida cotidiana de cada persona, como un derecho propio, inalienable y que debe proteger siempre. “La acción crea la realidad”.  


Gloria Ortega Pérez
Periodista de profesión, comunicadora por opción y fotógrafa por pasión
Bogotá D.C., enero 30 de 2011

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