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jueves, 27 de enero de 2011

Auschwitz: un sufrimiento que no tiene nombre

¿Estás loca? ¿A qué vas a ir a Auschwitz? Fue el comentario más bien generalizado entre amigos y parientes cuando les comenté que, ya estando en Varsovia, tenía que llegar hasta Auschwitz. Quería ir a pedir perdón por el más abominable de los actos del hombre contra el hombre. Una historia que aunque lleva por nombre El Holocausto, las palabras nunca conseguirán describir, mencionar o explicar cómo fue posible que esto ocurriera, que se permitiera que esto pasara.

También, era una promesa que le había hecho a mi amigo Aarón Ossiaz, un colombiano cuyos tíos abuelos no pudieron escapar de este lugar, si bien vivieron la gesta de resistencia hasta la muerte, algunos en Polonia, otros más en Alemania y Austria, todos en campos de muerte.


En junio de 2009 fui a Varsovia a visitar a Alicja Kapuscinska. Desde allí me movilicé en tren hasta Cracovia y luego en autobús hacia Oswiecim, a 60 kilómetros al oeste de Cracovia, a dónde está ese escenario de barbarie, uno de los 42 campos de exterminio o fábricas de muerte nazi: Auschwitz I –Birkenau.

Aunque el hoy Museo lo comprende las mismas 191 hectáreas, solo fui capaz de recorrer casi todas las barracas de sus instalaciones principales. Dolía caminar. Dolía mirar. Dolía respirar. En cada paso taladra la misma pregunta: ¿Cómo fue posible que existiera esto y nadie se levantara para impedirlo?

El realismo en este lugar no es mágico sino pragmático. Total. No estuve en la enfermería, había leído sobre este espacio en Awschwitz y sabía que no iba ser capaz de estar allí, solo pude mirar los calabozos, los dormitorios, los hornos crematorios, las oficinas de la SS y urnas con objetos de las víctimas, prótesis, juguetes, zapatos, ropas…y otros espantosos espacios de este complejo de la muerte, a donde se calcula, fueron asesinados 1 millón de personas, todos por ser judíos.


“Al pensar en crímenes como el Holocausto - escribe R.Kapuscinski en Lapidarium IV-, en el cruel mundo de Auschwitz y de Vorkutá, en la masacre de armenios y en la pesadilla de Camboya, se nos hace cada vez más patente que el único remedio capaz de impedir que se repitan tales monstruosidades consiste en adelantarse al golpe, en actuar antes de tiempo y hacerlo de tal manera que nuestra acción impida a la historia tomar un rumbo tan espeluznante, evitando así que su interior crezca ese tumor maligno y maldito; en una palabra, la única oportunidad radica en una profilaxis vigilante al tiempo que decidida, en una lucha sin cuartel contra el mal cuando aún está el germen".

Auschwitz es el símbolo de las atrocidades y el genocidio contra judíos, polacos, rumanos, checos, gitanos, rusos, ucranianos, bielorrusos… durante la Segunda Guerra Mundial. Por eso, lo menos que pude hacer fue repudiar que, Plinio Apuleyo Mendoza escribiera en su texto de opinión (que no investigación como tramposamente permitió El Tiempo que se publicara ese texto de opinión), citara a Álvaro Araujo Castro (culpable de aliarse con 'paras' para llegar al Congreso http://ow.ly/3M7h9 ) hoy en la cárcel La Picota diciendo: "para quienes no conocen lo que estamos viviendo, este pabellón es nuestro Auschwitz". http://ow.ly/3M7uL    

Hace un año, y bajo el titulo de este texto, y al cumplirse 65 años de la liberación del ejército soviético de Auschwitz, Semana.com publicó en su Galería de Fotos y bajo el mismo título de este texto, algunas imágenes que registré, con inmenso dolor, en este inimaginable escenario de terror. http://ow.ly/3M5yM

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